viernes, 14 de septiembre de 2012

Dios bombero



¿Cuantas veces nos hemos visto en la situación de que nos acercamos a Dios solo cuando hay ¨fuegos¨, emergencias y necesidades? Lo llamamos y lo llamamos urgente, porque no podemos esperar, es una emergencia…y mientras lo llamamos le estamos ofreciendo todo lo que creemos que Él desea: hacemos promesas, le lloramos, le rogamos, le suplicamos, le ofrecemos misas, visitas al Santísimo, ofrendas, ayunos, cambio de vida, etc.
Después, cuando todo está bien, solo le damos las gracias, lo despedimos  y nos volvemos a olvidar de Él. Ahí estamos convirtiendo a Dios, en un Dios bombero: ¡llamarlo solo para emergencias!
Si queremos que nuestras vidas sea más preventiva que de emergencias, hagamos lo que debemos de hacer para evitar salir corriendo y pedir ayuda.
¿Qué hacemos cuando sabemos que vamos a tener un bebé? Nos informamos de cómo cuidarlo en el vientre (madres), que esperar cuando nazca, como cuidarlo, como alimentarlo, como protegerlo, etc. Vemos que nuestra casa este en las optimas condiciones para recibirlo, no hayan peligros.
¿Qué pasa cuando compramos un auto? Primero aprendemos a manejar, luego sacamos la licencia de conducir, después tenemos todas las herramientas necesarias por si se nos queda el auto (las más básicas), llevamos el vehículo al taller para sus revisiones y si somos mucho más precavidos, compramos un seguro.
Ejemplos así hay muchos, pero creo que es entendible a que me refiero. Hagamos a Dios, el Dios de nuestras vidas. Si vamos a misa, comulgamos, oramos, leemos la Biblia, ayudamos al prójimo, y más. Estamos previendo contra el mal y si el mal nos ataca, estamos listos para ese ataque y ya no necesitamos llamar de emergencia a Dios porque el Espíritu Santo ya está con nosotros en todo momento y es Él quien nos guiará para salir de la emergencia como se debe. ¡Triunfantes!
Hagamos a Dios parte de nuestra vida, parte de nuestra familia; alguien con quién conversar siempre, contarle lo bueno y lo malo de nuestras vidas, que sepa que tiene la potestad de nosotros para así tener a nuestros ángeles de la guarda atentos a cualquier peligro; para que el Espíritu Santo nos ilumine en todo momento; para que la Virgen María interceda siempre por nuestras necesidades; y para que nuestro Señor Jesucristo siempre tenga misericordia de nosotros. Con Dios todo es posible, sin Dios, ¡nada!

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