lunes, 16 de febrero de 2015
Miércoles de Ceniza, 18 de febrero 2015
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¿Qué es la Cuaresma?
La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia


El tiempo de la Cuaresma rememora los cuarenta años que el pueblo de
Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra
prometida, con todo lo que implicó de fatiga, lucha, hambre, sed y
cansancio…pero al fin el pueblo elegido gozó de esa tierra maravillosa,
que destilaba miel y frutos suculentos (Éxodo 16 y siguientes).
También para nosotros, como fue para los israelitas aquella travesía por el desierto, la Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, cima del año litúrgico, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal, y por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas a la luz, del ayuno a la comida, de la tristeza al gozo profundo, de la muerte a la vida.
La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia, si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchos los pecadores que valientemente volvieran a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el cariño de su Padre Dios!
Si tenemos la gracia de seguir felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia; así llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la Semana Santa, con todo la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.
Ayuno no sólo de comida y bebida, que también será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro cuerpo, a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así acompañar al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre todo, de nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, injusticias, insensibilidad ante las miserias del prójimo. Ayuno y abstinencia, incluso, de cosas buenas y legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño sacrificio y un acto de amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de diversiones, de cine, de bailes durante este tiempo de cuaresma. Ayuno y abstinencia, también, de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos; ayuno aquí significará renunciar a todo lo que alimenta nuestra tendencia a la curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de los sentidos, a la superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio a los ojos de Dios y nos requerirá mucho más esfuerzo, más dominio de nosotros mismos, más amor y voluntad de nuestra parte.
Limosna, dijimos. No sólo la limosna material, pecuniaria: unas cuantas monedas que damos a un pobre mendigo en la esquina. La limosna tiene que ir más allá: prestar ayuda a quien necesita, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide, compartir alegrías, repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha ofendido. La limosna es esa disponibilidad a compartir todo, la prontitud a darse a sí mismos. Significa la actitud de apertura y la caridad hacia el otro. Recordemos aquí a san Pablo: “Si repartiese toda mi hacienda…no teniendo caridad, nada me aprovecha” (1 Corintios 13, 3). También san Agustín es muy elocuente cuando escribe: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en el corazón, no has hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón, aún cuando no tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”.
Y, finalmente, oración. Si la limosna era apertura al otro, la oración es apertura a Dios. Sin oración, tanto el ayuno como la limosna no se sostendrían; caerían por su propio peso. En la oración, Dios va cambiando nuestro corazón, lo hace más limpio, más comprensivo, más generoso…en una palabra, va transformando nuestras actitudes negativas y creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad. La oración es generadora de amor. La oración me induce a conversión interior. La oración es vigorosa promotora de la acción, es decir, me lleva a hacer obras buenas por Dios y por el prójimo. En la oración recobramos la fuerza para salir victoriosos de las asechanzas y tentaciones del mundo y del demonio. Cuaresma, pues, tiempo fuerte de oración.
Miremos mucho a Cristo en esta Cuaresma. Antes de comenzar su misión salvadora se retira al desierto cuarenta días y cuarenta noches. Allí vivió su propia Cuaresma, orando a su Padre, ayunando…y después, salió por nuestro mundo repartiendo su amor, su compasión, su ternura, su perdón. Que Su ejemplo nos estimule y nos lleve a imitarle en esta cuaresma. Consigna: oración, ayuno y limosna.
Por: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net

También para nosotros, como fue para los israelitas aquella travesía por el desierto, la Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, cima del año litúrgico, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal, y por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas a la luz, del ayuno a la comida, de la tristeza al gozo profundo, de la muerte a la vida.
La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia, si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchos los pecadores que valientemente volvieran a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el cariño de su Padre Dios!
Si tenemos la gracia de seguir felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia; así llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la Semana Santa, con todo la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.
Ayuno no sólo de comida y bebida, que también será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro cuerpo, a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así acompañar al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre todo, de nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, injusticias, insensibilidad ante las miserias del prójimo. Ayuno y abstinencia, incluso, de cosas buenas y legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño sacrificio y un acto de amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de diversiones, de cine, de bailes durante este tiempo de cuaresma. Ayuno y abstinencia, también, de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos; ayuno aquí significará renunciar a todo lo que alimenta nuestra tendencia a la curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de los sentidos, a la superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio a los ojos de Dios y nos requerirá mucho más esfuerzo, más dominio de nosotros mismos, más amor y voluntad de nuestra parte.
Limosna, dijimos. No sólo la limosna material, pecuniaria: unas cuantas monedas que damos a un pobre mendigo en la esquina. La limosna tiene que ir más allá: prestar ayuda a quien necesita, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide, compartir alegrías, repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha ofendido. La limosna es esa disponibilidad a compartir todo, la prontitud a darse a sí mismos. Significa la actitud de apertura y la caridad hacia el otro. Recordemos aquí a san Pablo: “Si repartiese toda mi hacienda…no teniendo caridad, nada me aprovecha” (1 Corintios 13, 3). También san Agustín es muy elocuente cuando escribe: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en el corazón, no has hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón, aún cuando no tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”.
Y, finalmente, oración. Si la limosna era apertura al otro, la oración es apertura a Dios. Sin oración, tanto el ayuno como la limosna no se sostendrían; caerían por su propio peso. En la oración, Dios va cambiando nuestro corazón, lo hace más limpio, más comprensivo, más generoso…en una palabra, va transformando nuestras actitudes negativas y creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad. La oración es generadora de amor. La oración me induce a conversión interior. La oración es vigorosa promotora de la acción, es decir, me lleva a hacer obras buenas por Dios y por el prójimo. En la oración recobramos la fuerza para salir victoriosos de las asechanzas y tentaciones del mundo y del demonio. Cuaresma, pues, tiempo fuerte de oración.
Miremos mucho a Cristo en esta Cuaresma. Antes de comenzar su misión salvadora se retira al desierto cuarenta días y cuarenta noches. Allí vivió su propia Cuaresma, orando a su Padre, ayunando…y después, salió por nuestro mundo repartiendo su amor, su compasión, su ternura, su perdón. Que Su ejemplo nos estimule y nos lleve a imitarle en esta cuaresma. Consigna: oración, ayuno y limosna.
Por: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net

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¿Cuando Dios no hace lo que le pedimos, dejamos de creer en Él?
Me gusto ésta frase que dijo el padre en misa el domingo pasado, encierra mucho el estilo de vida del católico, especialmente del laico. No lo dijo como pregunta, lo dijo como afirmación, pero yo, pregunto.
¿Nos sentimos con el derecho de “exigir” como un niño pequeño?. ¿Sentimos que debemos de pedir con autoridad de ser complacidos?.Pues el evangelio del domingo pasado, nos dice:
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45):
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.»
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.»
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
Palabra del Señor
“Si quieres, puedes limpiarme”
Grande la solicitud del leproso. “Si Quieres”, pregunto, y no le dijo: “cúrame”, “sáname”, “límpiame”.
Ahora pensemos si es de esa manera como le hablamos a Jesús. Analicemos solo esa frase. “Si quieres”.
¿Qué pasa cuando pedimos, de la manera en como pedimos las cosas?,¿A caso Jesús nos escucha?, ¿Nos ignora?, ¿No nos entiende?, ¿Por qué se tarda tanto?. Nos frustramos.
Comenzamos a dudar del “poder de Dios”, nos preguntamos si en verdad existe, si es MI DIOS, y no se que otras cosas puedan pasar por nuestra mente.
Es el momento de debilidad donde comenzamos a dudar y cuestionar ¿Por qué seguimos el mismo camino, si es tan difícil?.
Nuestra fe (si es que había algo de ella en nuestras vidas) se va debilitando al punto en dejar de creer en Él y en dejar de seguirlo o buscarlo, cualquiera que sea el caso. Somos demasiado obstinados y orgullosos como para seguir “sufriendo” si Dios no nos consiente o no nos contempla.
He allí el éxodo de tanto católico y a dejar de creer del todo. Pues creen que las respuestas de parte de Dios deben de ser inmediatas, fáciles, rápidas y sin complicaciones.
Dios es un Dios de misericordia, entonces ¿Por qué no responde cuando se lo pedimos?. ¿Será que nos comportamos como esos niños que mencioné al principio del post?.
¿Cómo nos atrevemos a exigir, si ni siquiera damos NADA o muy poco a cambio?
¿Quién es Dios?, ¿Él o Yo?. ¿Por qué me creo superior entonces si se que yo no soy nadie a los pies de Jesús? “Si quieres, puedes curarme” así es como debemos de pedir…y veremos la Gloria del Señor. Aprendamos a ser amables, educados, constantes y buenos hijos para merecer todo eso que queremos pedir.
Respetemos y sigamos las leyes de la Iglesia, del Papa, de nuestros Sacerdotes. Con discernimiento de que lo que se defiende es la Palabra de Dios como está en la Biblia. No a conveniencia del humano del siglo XXI que todo es relatividad.
No nos alejemos de Dios porque no nos resolvió como queríamos. Al contrario, perseveremos en la humildad, en oración y veremos ese cambio en nuestras vidas. Veremos esas respuestas del Señor como siempre hemos querido. Pero dejemos de berrinchar, exigir y gritar como que nos merecemos el mundo si no damos un paso por ser mejores personas. Tratemos ahora que estamos entrando en cuaresma y enmendemos nuestra vida pasada. Sigamos creyendo en Dios, porque es maravilloso, Él extiende la mano al que pide con amor, no le niega nada a nadie si es merecedor y dará frutos de su solicitud.
Dios es compasivo y paciente, siempre nos apoya, no nos demos por vencidos, pero seamos correctos para merecer la Gloria. El Espíritu Santo es nuestro guía, solo déjate llevar y escucha su mensaje; todo tiene su tiempo y todo tiene su lugar.
¿Estás dispuesto a cambiar?, ¿Seguirás a Dios aunque no recibas respuesta cuando tu la esperas?
Cuaresma: tiempo litúrgico de conversión, cuarenta días antes de la Pascua. En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.
domingo, 15 de febrero de 2015
Testimonio de Patrick y Nancy, del ateísmo a la fe
Patrick y Nancy Latta, un matrimonio canadiense que visita El Salvador, vienen de la mano de la Santísima Virgen desde Bosnia Herzegovina del pueblo bendecido por Dios, Medjugorje, para compartir su testimonio de conversión con el pueblo salvadoreño. Y tuve la bendición de escuchar el testimonio de ésta bella pareja. Me encantó saber que comenzaron diciendo que estaban más que orgullosos de poder estar en el país que lleva el nombre de El Salvador del mundo, algo tan importante que se nos olvida a los salvadoreños, que orgullo vivir aquí, que triste que lo pasemos por alto. Les comparto el testimonio de un hombre ateo, convertido y gran servidor de la Virgen de Medjugorje.
Empresario de éxito, fracasado en la vida, todo cambió al leer un mensaje de la Virgen de Medjugorje
Era un super millonario con dos divorcios a sus espaldas y cuatro hijos que estaban metidos en drogas y alcohol. Su dios era el dinero…
Patrick logró darles a sus hijos todo lo que el dinero puede comprar, pero arruinó sus vidas. De apariencia afable y paso tranquilo, cada día recibe junto a Nancy, su mujer, a decenas de peregrinos llegados de todo el mundo para contarles cómo un solo mensaje de la Virgen cambió su vida y la de su familia.
Divorciado dos veces
Patrick Latta es canadiense, y comienza su relato escoltado por su esposa, Nancy, de nacionalidad croata. “Cuando yo conocí a Nancy ya estaba divorciado dos veces. Era un empresario de éxito en Canadá, pero había fracasado en todo lo demás”.
Patrick Latta es canadiense, y comienza su relato escoltado por su esposa, Nancy, de nacionalidad croata. “Cuando yo conocí a Nancy ya estaba divorciado dos veces. Era un empresario de éxito en Canadá, pero había fracasado en todo lo demás”.
“El dinero era mi dios”
Lo demás, como lo define Patrick, se resume en “dos divorcios y cuatro hijos destrozados. El segundo de ellos era drogadicto. Fue expulsado del colegio por traficar con droga. La culpa fue mía, porque la vez que se acercó a mí, siendo muy jovencito, preguntándome quien era Dios, yo le enseñé un billete de 20 dólares y le dije: “Hijo mío, aquí está dios”.
Lo demás, como lo define Patrick, se resume en “dos divorcios y cuatro hijos destrozados. El segundo de ellos era drogadicto. Fue expulsado del colegio por traficar con droga. La culpa fue mía, porque la vez que se acercó a mí, siendo muy jovencito, preguntándome quien era Dios, yo le enseñé un billete de 20 dólares y le dije: “Hijo mío, aquí está dios”.
Patrick continua presentando a sus hijos: “El tercero es un chaval enorme, muy corpulento. Jugaba cuatro partidos de rugby a la semana, y cada día de esos cuatro, llegaba borracho a casa”.
La niña de Patrick repitió el patrón de su padre desde muy jovencita, ya que “se casó con 17 años y se divorció con 19. Luego se caso con 21 y se divorció con 24. Cuando le pregunté qué estaba haciendo con su vida, me respondió: “Papá, ¿qué hiciste tú?”.
Del mayor de sus hijos, Patrick prefiere no dar detalles: “Lleva una vida tan desordenada moralmente que no les puedo explicar”.
“Todo lo que el dinero podía comprar”
Patrcik y Nancy formaron una pareja adinerada y excéntrica que se casaron por lo civil subidos en un helicóptero. “Sí, siempre viví así. Yo tenía todo lo que el dinero podía comprar, y eso fue lo que les di a mis hijos. Les compré de todo, pero destrocé sus vidas”.
Patrcik y Nancy formaron una pareja adinerada y excéntrica que se casaron por lo civil subidos en un helicóptero. “Sí, siempre viví así. Yo tenía todo lo que el dinero podía comprar, y eso fue lo que les di a mis hijos. Les compré de todo, pero destrocé sus vidas”.
Respecto al matrimonio, dice que “finalmente nos casamos por la Iglesia simplemente por contentar a la madre de Nancy. Cuando fue a preguntar al obispo por mi situación canónica, nos encontramos con la sorpresa de que mi primera esposa, con la que me había casado por la Iglesia, había luchado 17 años sin que yo supiera nada por obtener la declaración de nulidad, por lo tanto yo no estaba casado ni lo había estado nunca, y es a ella, a mi primer a esposa, a quien le debo el trabajo que supuso aquel trago”.
De modo que celebraron el sacramento del matrimonio, “sin que eso significara absolutamente nada por nosotros”.
Un libro que le cambió la vida
Un buen día, el hermano de Nancy le regaló un libro con los mensajes de la Virgen de Medjugorje, “y yo se lo di a Patrick para que los tirara a la basura”, apunta Nancy. Pero Patrick, no sabe aún por qué, abrió el libro y leyó “un solo mensaje” que cambio toda su vida: Abrí el libro a boleo y leí el más corto de todos esos mensajes. Decía: “Yo te llamo a la conversión. Es tu última oportunidad”. Cuando Patrick recuerda aquello aún se le asoman lágrimas a los ojos. Contiene la respiración y continúa: “Aquel mensaje, no me digan cómo ni por qué, tocó profundamente mi corazón. Era mi última oportunidad. Fue ahí cuando me di cuenta de que yo vivía con los dos pies en el infierno. Así comencé a leer todos aquellos mensajes y a tratar de ponerlos en vida.
Un buen día, el hermano de Nancy le regaló un libro con los mensajes de la Virgen de Medjugorje, “y yo se lo di a Patrick para que los tirara a la basura”, apunta Nancy. Pero Patrick, no sabe aún por qué, abrió el libro y leyó “un solo mensaje” que cambio toda su vida: Abrí el libro a boleo y leí el más corto de todos esos mensajes. Decía: “Yo te llamo a la conversión. Es tu última oportunidad”. Cuando Patrick recuerda aquello aún se le asoman lágrimas a los ojos. Contiene la respiración y continúa: “Aquel mensaje, no me digan cómo ni por qué, tocó profundamente mi corazón. Era mi última oportunidad. Fue ahí cuando me di cuenta de que yo vivía con los dos pies en el infierno. Así comencé a leer todos aquellos mensajes y a tratar de ponerlos en vida.
El Rosario
El primer mensaje decía: “Rezar el Rosario juntos, en familia, y veran milagros”, así que Patrick le propuso a Nancy rezar el rosario, y comenzaron a hacerlo todos los días.
El primer mensaje decía: “Rezar el Rosario juntos, en familia, y veran milagros”, así que Patrick le propuso a Nancy rezar el rosario, y comenzaron a hacerlo todos los días.
Fue cuando Patrick, siguiendo el contenido de aquellos mensajes, propuso a Nancy ir a Misa, cuando ella pensó que a su marido le pasaba algo malo en la cabeza. Pero empezaron a ir a Misa, y más tarde a ayunar. “Empecé a ayunar porque la Virgen dijo: “Con la oración y el ayuno, pueden detener las guerras”, y yo en mi casa tenía una guerra abierta con la droga, otra con el alcohol, y otra con la inmoralidad”.
Una guerra ganada por la Virgen
Poco a poco, Patrick y Nancy comenzaron a hacer vida aquel puñado de mensajes de aquel libro, hasta que un buen día, el segundo hijo de Patrick se unió con ellos en la oración en familia: “Hoy mi hijo tiene 37 años. Ha dejado las drogas, está casado, tiene dos hijos, y es profesor en una escuela católica. Él ha traído hace poco a 52 niños a rezar el rosario a Medjugorje. Es un milagro. Es una guerra ganada por la Virgen con el poder de nuestro rosario diario”.
Lo más importante de esto, Patrick dice que ha sido su ejemplo: “Me lo dijo mi hijo, que cuando por primera vez vio que yo rezaba el rosario, él tuvo la intuición de que debía hacer lo mismo, hasta que se unió a la oración”.
La Confesión tras 30 años
Patrick leyó entonces entre los mensajes que debía confesarse, de modo que fue a un sacerdote y le pidió confesión. Patrick llevaba 30 años sin confesar, y después de contarle al sacerdote toda su vida alejada de Dios, escuchó la fórmula: “En el nombre de Dios, yo te absuelvo”. Y rompió a llorar. “Fueron las palabras más impresionantes que había oído en toda mi vida”.
Patrick leyó entonces entre los mensajes que debía confesarse, de modo que fue a un sacerdote y le pidió confesión. Patrick llevaba 30 años sin confesar, y después de contarle al sacerdote toda su vida alejada de Dios, escuchó la fórmula: “En el nombre de Dios, yo te absuelvo”. Y rompió a llorar. “Fueron las palabras más impresionantes que había oído en toda mi vida”.
De camino a Medjugorje
Fue pasando el tiempo y Patrick, un buen día, le dijo a Nancy: “Amor, quiero vender todo y marcharme a vivir a Medjugorje”, de modo que cerró empresas, vendió casas, yates y propiedades, compró dos billetes de avión a Ámsterdam y, después de comprar un coche, en el momento de arrancar, le dijo a Nancy: “Cielo, ¿cómo se llega a Medjugorje”. Nancy rompió a llorar: “Dios mío Patrick, hemos vendido todo, has cerrado tus empresas y yo mi despacho. No tenemos nada porque quieres irte a vivir a Medjugorje ¡Y ni si quiera sabes cómo llegar! ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué quieres vivir allí?”.
Fue pasando el tiempo y Patrick, un buen día, le dijo a Nancy: “Amor, quiero vender todo y marcharme a vivir a Medjugorje”, de modo que cerró empresas, vendió casas, yates y propiedades, compró dos billetes de avión a Ámsterdam y, después de comprar un coche, en el momento de arrancar, le dijo a Nancy: “Cielo, ¿cómo se llega a Medjugorje”. Nancy rompió a llorar: “Dios mío Patrick, hemos vendido todo, has cerrado tus empresas y yo mi despacho. No tenemos nada porque quieres irte a vivir a Medjugorje ¡Y ni si quiera sabes cómo llegar! ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué quieres vivir allí?”.
La respuesta de Patrick no pudo ser más convincente: “Nancy, la madre de Dios se aparece allí cada día. ¡Ella vive allí! Si la Virgen María vive en Medjugorje, yo quiero ser su vecino”.
Pedir perdón a su hija
Un buen día, Patrick entendió que le debía pedir perdón a su hija, “y así lo hice. Hable con ella y le dije: “Hija, perdón por no haber sido un buen padre, por haberme divorciado de tu madre y por haberte destrozado el corazón. Yo se que un hijo no puede sobrevivir en condiciones a dos divorcios de su padre”, y a partir de ahí, comenzamos a tener cierta comunicación, algo que jamás había sucedido”.
Pedir perdón a su hija
Un buen día, Patrick entendió que le debía pedir perdón a su hija, “y así lo hice. Hable con ella y le dije: “Hija, perdón por no haber sido un buen padre, por haberme divorciado de tu madre y por haberte destrozado el corazón. Yo se que un hijo no puede sobrevivir en condiciones a dos divorcios de su padre”, y a partir de ahí, comenzamos a tener cierta comunicación, algo que jamás había sucedido”.
Por otra parte, el hijo alcohólico de Patrick “dejó el equipo de rugby después de una visita a Medjugorje. Vino a casa y lo único que le regalé fue un rosario, que él comenzó a rezar. Dejó el alcohol, y hoy tiene familia y trabajo”.
“El éxito del Matrimonio está en la oración”
Para Patrick y Nancy el éxito de cualquier matrimonio “radica en el Rosario, en rezarlo juntos”. Su experiencia de vida avala dicha afirmación y asegura Patrick que él sabe que si un día no hubiesen empezado a rezar, “hoy no estaríamos juntos”.
Para Patrick y Nancy el éxito de cualquier matrimonio “radica en el Rosario, en rezarlo juntos”. Su experiencia de vida avala dicha afirmación y asegura Patrick que él sabe que si un día no hubiesen empezado a rezar, “hoy no estaríamos juntos”.
“De modo que yo les puedo decir que el rosario y el ayuno han derrotado a las guerras que yo tenía en mi casa. Solo me queda mi hijo el mayor. Aún debo rezar por él y así lo hago, pero les aseguro que mi vida, llena de lujo, dinero y poder, era un infierno, y hoy que no tengo apenas nada material, solo deudas, vivo en paz. Todo eso fue porque un día leí un mensaje de la Virgen en Medjugorje, y yo le creí”.
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martes, 23 de diciembre de 2014
¿Qué es la Navidad?
La
Iglesia en su misión de ir por el mundo llevando la Buena Nueva ha
querido dedicar un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el
Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; a este tiempo lo conocemos
como Navidad. Cerca de la antigua fiesta judía de las luces y buscando
dar un sentido cristiano a las celebraciones paganas del solsticio de
invierno, la Iglesia aprovechó el momento para celebrar la Navidad.
En este tiempo los cristianos por medio del Adviento se
preparan para recibir a Cristo,”luz del mundo” (Jn 8, 12) en sus almas,
rectificando sus vidas y renovando el compromiso de seguirlo. Durante el
Tiempo de Navidad al igual que en el Triduo Pascual de la semana Santa
celebramos la redención del hombre gracias a la presencia y entrega de
Dios; pero a diferencia del Triduo Pascual en el que recordamos la
pasión y muerte del Salvador, en la Navidad recordamos que Dios se hizo
hombre y habitó entre nosotros.
Así como el sol despeja las tinieblas durante el alba,
la presencia de Cristo irrumpe en las tinieblas del pecado, el mundo, el
demonio y de la carne para mostrarnos el camino a seguir. Con su luz
nos muestra la verdad de nuestra existencia. Cristo mismo es la vida que
renueva la naturaleza caída del hombre y de la naturaleza. La Navidad
celebra esa presencia renovadora de Cristo que viene a salvar al mundo.
La Iglesia en su papel de madre y maestra por medio de
una serie de fiestas busca concientizar al hombre de este hecho tan
importante para la salvación de sus hijos. Por ello, es necesario que
todos los feligreses vivamos con recto sentido la riqueza de la vivencia
real y profunda de la Navidad.
Por último, es necesario recordar que durante la Navidad
celebramos en tres días consecutivos, 26, 27 y 28 de diciembre, tres
fiestas que nos hacen presente la entrega total al Señor:
San Esteban, mártir que representa a aquellos que murieron por Cristo voluntariamente.
San Juan Evangelista,
que representa aquellos que estuvieron dispuestos a morir por Cristo
pero no los mataron. San Juan fue el único Apóstol que se arriesgó a
estar con La Virgen al pie de la cruz.
Los Santos Inocentes que representan a aquellos que murieron por Cristo sin saberlo.
Existe una profunda semejanza de las fiestas de finales
de diciembre y comienzos de enero con las de marzo, sin duda porque
ambos meses, enero y marzo, han sido considerados por diversas culturas
como inicio del año. Enero era el mes dedicado a Jano. San Paciano,
obispo de Barcelona en el siglo IV, ya hablaba de mascaradas paganas que
tenían lugar por estas fechas, diciembre y enero. Muchos Santos Padres
condenaron estas fiestas paganas. Las Saturnalias o fiestas en honor a
Saturno se celebraban entre los días 17 y 23 de diciembre. Las muy
posteriores fiestas de los obispillos, el Bisbetó de Monserrat,la fiesta
del Rollo, el obispo de los locos o el abat de los locos de los días 6 y
28 de diciembre, según los casos, que subsistieron en los pueblos
españoles como residuos de aquellas Saturnalias, se celebraban también
en las iglesias.
Hay referencias históricas de que en la Edad Media había
grandes libertades en los templos. Por tanto, es muy probable que los
Papas eligieran el 25 de Diciembre para conmemorar el nacimiento de
Jesús con el fin de que los fieles cristianos se apartaran de las
celebraciones paganas del solsticio de invierno.
La Navidad venía así a ocupar el lugar que todavía
llenaban esas fiestas saturnales y otras propias del invierno en Roma.
Reinando Constantino el Grande, la iglesia propuso que el 25 de
diciembre se celebrara el nacimiento del Salvador por su coincidencia
con la celebración romana del Sol Invictus.
En todo caso, en el año 345 d.c. el día 25 era fiesta de
Navidad en Occidente.En Oriente, sin embargo, la celebran el 6 de
enero, pero la influencia de San Juan Crisóstomo, padre de la Iglesia de
Oriente y patriarca de de Alejandría, y de San Gregorio Nacianzeno, el
teólogo, amigo de San Basilio, consiguió que adoptaran el 25 de
diciembre.
De San Nicolás a Papá Noel
Probablemente asistió al Concilio de Nicea en el año
325 d.c. Sin embargo, sus reliquias parece que fueron
trasladadas en 1087 a Bari, donde se conservan en un sarcófago del que
emana un bálsamo al que se atribuyen efectos milagrosos. Universalmente
reconocido como taumaturgo, se le aplican numerosas leyendas
relacionadas con resurrección de niños y dotación de vírgenes. Una de
ellas cuenta que una noche ,cuando trataba de transportar tres bolsas de
oro hasta las tres hijas de un mercader arruinado, una de las bolsas
cayó dentro de los calcetines que colgaban de la chimenea para secarse y
que por eso desde entonces se cuelgan los calcetines en espera de
regalos. El mercader, vecino suyo, había decidido prostituir a sus tres
hijas porque no tenía dinero para la dote. La historia cuenta que el
santo arrojó las limosnas discretamente por una ventana para librar de
la deshonra a las tres doncellas.
Otra leyenda asegura que San Nicolás devolvió la vida a
tres niños que habían sido descuartizados y puestos en salmuera por un
terrible secuestrador caníbal .Su fiesta se celebra el 6 de diciembre y
es el patrón de Rusia y de Lorena, y muy popular en la citada Rusia,
Grecia, Italia, el Norte de Europa, Alemania e Inglaterra, donde ha sido
asimilado a su Papá Noel, ese personaje legendario de barba blanca,
vestido de rojo y con capucha, y a Santa Claus, denominación anglosajona
de San Nicolás, y con funciones de protector y patron de niños. San
Nicolás viaja por estas fechas a Holanda desde España en un velero y
acompañado por Pedro el negro, una especie de Betama que decide qué
niños merecen regalos y quiénes no.
En Estados Unidos, el sinter Klaas importado se
convirtió en Santa Claus. En el Mediterranéo, San Nicolás sustituyó en
las fiestas y creencias populares a Poseidón, rey de los mares y dios de
los terremotos de la mitología clásica. Se le representa con orgamentos
episcopales y sus atributos son tres bolsas de oro con las que libró de
la prostitución a las tres doncellas, los tres niños resucitados y un
ancla, como protector de los hombres de mar, pues estando en Palestina
dicen que calmó una enorme tempestad.
El Belén
El belén o nacimiento es la representación del nacimiento de Jesús en Belén por medio de figuras.
Es uno de los escenarios más tempranos y habituales del
arte cristiano, pues aparece ya en el siglo IV en la catacumba de San
Sebastián de Roma. Hasta la Baja Edad Media persistió la variante de
origen bizantino de la virgen acostada, acompañada por dos
comadronas.Después,a partir del siglo XIV,la virgen está de rodillas y
sin comadronas,pues se impone la idea del parto sin dolor.
La tradición popular del belén,pesebre o nacimiento es
mucho más reciente. Parece que fue San Francisco de Asís quien realizó
la primera representación en Greccio. Después, Santa Clara la difundió
por los conventos franciscanos de Italia y posteriormente la propia
difusión de la orden contribuyó a la extensión del pesebre representado
por seres vivos o figuras.
Durante la Edad Media y el Renacimiento era costumbre
representar escenas de Navidad en las iglesias. De ambas tradiciones
arranca la de los belenes actuales con sus figuras de madera, yeso,
plomo, barro o cartón.
Alcanzó su apogeo en el reino de Nápoles en el siglo
XVIII y de allí pasó a España, de donde fue llevado a América Latina.
Persiste en tambien en el sur de Italia, gran parte de Alemanía,
Provenza y el Tirol.
Es costumbre mediterránea. En algunas regiones de Italia
los niños construían una especie de belenes de madera, a los que
llamaban la cabañita, con el Niño Jesús en su interior.
Tal vez recogía las dos tradiciones: la del árbol, o la
del verdadero belén, la llegada de hierbas, musgo, o ciprés parece
encontrar origenes gentilicios más que cristianos. El musgo, por
ejemplo, cuenta con un hada protectora, la mujercita del musgo, según
los alemanes.
Por su parte, la idea de belén como cueva o caverna
donde nació Cristo encuentra similitudes en otras religiones donde los
dioses nacen en cuevas o en las hendiduras de la Tierra. Quiza ningún
pueblo del mundo ha llegado a crear, en relación a la navidad, una cosa
tan graciosa, tan popular, como los belenes.
El Árbol de Navidad
El árbol de Navidad se inserta en el ancestral culto a los arboles.El árbol representaba un poder
y ese poder se debe al árbol en cuanto tal y a sus implicaciones
cosmológicas, como escribe Mircea. Los bosques sagrados servían de
templo a los germanos, Para los galos la encina era un arból sagrado
sobre el que los Druidas, sacerdotes celtas guardianes de las
tradiciones, recogían el muérgano. La recolección sagrada del muérgano
era un rito galo, como lo describe Plinio. En el mundo clásico griego,
la encina estaba consagrada a Júpiter; el laurel y la palmera, y el pino
a Cibeles. En numerosos mitos, los árboles aparecen como residencia de
los dioses, especialmente de las dríadas, ninfas protectoras de los
árboles y de los bosques. En ocasiones se creía que los árboles estaban
dotados de alma, El árbol de Navidad es un vestigio de aquel culto.
El árbol de Navidad en la actualidad es un abeto, un
pino o un acebo que se adorna y se ilumina por esas fechas .la
iluminación del árbol viene a significar la claridad frente al mortecino
sol invernal. Dicen que la tradición del árbol tuvo su origen en los
pueblos germánicos y que fue San Bonifacio, el apóstol de Alemanía,
inglés de nacimiento y de nombre Winfrido quién taló la encina sagrada
de los paganos para plantar en su lugar el abeto de los cristianos.
Una leyenda cuenta que un abeto recorrió muchos
kilometros para llegar la noche de Navidad a Belén, donde habían sido
convocadas todas las criaturas, incluidos los árboles. El abeto llegó
exhausto porque tuvo que atravesar muchos países y muchas dificultades.
Además, era pequeño y apenas podía asomarse entre las frondas más
esbeltas. Pero de repente comenzó una lluvia de estrellas desde el cielo
sobre sus marchitas ramas que culminó con la estrella de navidad.
Entonces el niño del pesebre le miró y le dedicó una sonrisa eterna. Y
le bendijo El bosque es siempre misterioso,dice Carlos Mendoza en la
leyenda de las plantas.Y asegura que la leyenda registra muchos ejemplos
de bosques protectores que cierran el paso a los perseguidores de la
inocencia.
Y cuenta una historia de Toscana sobre la huida de José y
de María y el niño a Egipto para escapar a la matanza de herodes Huía
la Madonna con el niño Jesús, perseguida por los soldados del rey
Herodes. Mientras andaba, las retamas y los garbanzos crujían, y con
aquel ruido iba a delatarles. El lino se erizó, la Madonna llegó cerca
de un enebro. Entonces la hospitalaria planta abrió sus ramas y se cerró
sobre ella, ocultando así a la virgen con el Niño.
Epifanía: La Manifestación del Señor
Epifanía significa “manifestación”. Jesús se da a conocer. Aunque
Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, la
Iglesia celebra como epifanías tres eventos:Su Epifanía ante los Reyes Magos (Mt 2, 1-12)
Su Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán
Su Epifanía a sus discípulos y comienzo de Su vida pública con el milagro en Caná.
La Epifanía que más celebramos en la Navidad es la primera.
La fiesta de la Epifanía tiene su origen en la Iglesia
de Oriente. A diferencia de Europa, el 6 de enero tanto en Egipto como
en Arabia se celebraba el solsticio, festejando al sol victorioso con
evocaciones míticas muy antiguas. Epifanio explica que los paganos
celebraban el solsticio invernal y el aumento de la luz a los trece días
de haberse dado este cambio; nos dice además que los paganos hacían una
fiesta significativa y suntuosa en el templo de Coré. Cosme de
Jerusalén cuenta que los paganos celebraban una fiesta mucho antes que
los cristianos con ritos nocturnos en los que gritaban: “la virgen ha
dado a luz, la luz crece”.
Entre los años 120 y 140 AD los gnósticos trataron de
cristianizar estos festejos celebrando el bautismo de Jesús. Siguiendo
la creencia gnóstica, los cristianos de Basílides celebraban la
Encarnación del Verbo en la humanidad de Jesús cuando fue bautizado.
Epifanio trata de darles un sentido cristiano al decir que Cristo
demuestra así ser la verdadera luz y los cristianos celebran su
nacimiento.
Hasta el siglo IV la Iglesia comenzó a celebrar en este
día la Epifanía del Señor. Al igual que la fiesta de Navidad en
occidente, la Epifanía nace contemporáneamente en Oriente como respuesta
de la Iglesia a la celebración solar pagana que tratan de sustituir.
Así se explica que la Epifanía se llama en oriente: Hagia phota, es
decir, la santa luz.
Esta fiesta nacida en Oriente ya se celebraba en la
Galia a mediados del s IV donde se encuentran vestigios de haber sido
una gran fiesta para el año 361 AD. La celebración de esta fiesta es
ligeramente posterior a la de Navidad.
Los Reyes Magos
Mientras en Oriente la Epifanía es la fiesta de la
Encarnación, en Occidente se celebra con esta fiesta la revelación de
Jesús al mundo pagano, la verdadera Epifanía. La celebración gira en
torno a la adoración a la que fue sujeto el Niño Jesús por parte de los
tres Reyes Magos (Mt 2 1-12) como símbolo del reconocimiento del mundo
pagano de que Cristo es el salvador de toda la humanidad.
De acuerdo a la tradición de la Iglesia del siglo I, se
relaciona a estos magos como hombres poderosos y sabios, posiblemente
reyes de naciones al oriente del Mediterráneo, hombres que por su
cultura y espiritualidad cultivaban su conocimiento de hombre y de la
naturaleza esforzándose especialmente por mantener un contacto con Dios.
Del pasaje bíblico sabemos que son magos, que vinieron de Oriente y que
como regalo trajeron incienso, oro y mirra; de la tradición de los
primeros siglos se nos dice que fueron tres reyes sabios: Melchor,
Gaspar y Baltazar. Hasta el año de 474 AD sus restos estuvieron en
Constantinopla, la capital cristiana más importante en Oriente; luego
fueron trasladados a la catedral de Milán (Italia) y en 1164 fueron
trasladados a la ciudad de Colonia (Alemania), donde permanecen hasta
nuestros días.
El hacer regalos a los niños el día 6 de enero
corresponde a la conmemoración de la generosidad que estos magos
tuvieron al adorar al Niño Jesús y hacerle regalos tomando en cuenta que
“lo que hiciereis con uno de estos pequeños, a mi me lo hacéis” (Mt. 25, 40);
a los niños haciéndoles vivir hermosa y delicadamente la fantasía del
acontecimiento y a los mayores como muestra de amor y fe a Cristo recién
nacido.
Fuente: Catholic.net
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sábado, 6 de diciembre de 2014
Obediencia, reflexión en tiempos de adviento
Hace unos días escuche una charla de un hermano en Radio María que me dejó pensando mucho en la obediencia.
Estando en tiempos de adviento (espera y preparación para recibir como personas nuevas a nuestro amado niño Jesús) creo que es bueno comentar que pasa cuando no obedecemos siendo bautizados y es un tema para reflexionar en esta época.
La obediencia no es solo para niños o jóvenes. Creo que los adultos somos los que más desobedecemos los mandamientos de Dios y las reglas de convivencia en sociedad. Ejemplo sencillo: no obedecer las reglas de tránsito.
DEFINICIÓN DE OBEDIENCIA: El término obediencia (con origen en el latín oboedientĭa), está relacionado con el acto de obedecer (es decir, de respetar, acatar y cumplir la voluntad de la autoridad o de quien manda).
Y Dios le dio al hombre un mandamiento; le dijo: “Puedes comer todo lo que quieras de los árboles del jardín, pero no comerás del árbol de la Ciencia del bien y del mal. El día que comas de él, ten la seguridad de que morirás.” Génesis 2:16-17
A la mujer le gustó ese árbol que atraía la vista y que era tan excelente para alcanzar el conocimiento. Tomó de su fruto y se lo comió y le dio también a su marido que andaba con ella, quien también lo comió. Entonces se les abrieron los ojos y ambos se dieron cuenta de que estaban desnudos. Cosieron, pues, unas hojas de higuera, y se hicieron unos taparrabos. Génesis 3:6-7
Estas dos citas Bíblicas describen como comienza la desobediencia humana.
Hay un “poder” que nos dio Dios al crear al hombre y la mujer y es: el libre albedrío.
¿Por qué digo que es un poder? Porque es lo único en lo que Dios no puede ni opinar, ni dirigir, ni mandar. ¿Qué poder verdad? Y nos lo dio a nosotros, por amor.
Si Dios nos regaló algo tan valioso como el libre albedrío ¿Por qué somos tan desagradecidos? Porque tenemos el poder de decidir. En ti está escoger el camino a tomar en tu vida. Tus decisiones (buenas o malas) son tuyas, de nadie más. No importa quién te “tente a seguir un camino” (como lo hizo la serpiente con Eva) al final la decisión es tuya…y eso fue lo que hizo Eva…y eso fue lo que hizo Adán.
Siempre habrá alguien en tu vida que te dirá como romper las reglas y que te dirá que no pasa nada. Siempre estará la tentación, pero al final solo tu sabes cuando obras bien o cuando obras mal. Siempre he dicho que todo acto tiene una consecuencia y esa consecuencia tiene un responsable.
Creo que es tiempo de reflexionar. ¿Cómo llevas tu vida?
Los mandamientos de Dios son claros, no son negociables, ni caducan. Todo pasará, la palabra de Dios NO pasará.
Entonces ¿Por qué desobedecemos?, ¿Por qué hasta la Iglesia Católica está dividida?, ¿Por qué hay sectas, cultos, otras religiones?, ¿Por qué hay Ateos?, ¿Por qué el maligno conquista almas?, ¿Por qué llevo la vida que llevo?, ¿Por qué me enfermo?, ¿Por qué odio y tengo rencor?, ¿Por qué? ¿Por qué?
¡Porque así, lo quiero yo!, ¡Porque así, lo decidí yo!
Por mis decisiones, por mi libertad de ser, por no querer obedecer. Porque tengo el poder de decidir y si no me gusta algo, busco otra opción. Las opciones las inventamos nosotros para excusarnos de poder dejar de obedecer y no sentir culpa.
¿Qué le estamos enseñando a nuestros jóvenes y niños? Comencemos siendo consientes en que momentos damos el mal y el buen ejemplo.
Es momento de hacer un alto en nuestras vidas, reflexionar y con todo el corazón pedir al Espíritu Santo que despierte en nosotros nuevamente. Él no trabaja, si tú, no se lo pides.
La obediencia que nos pide Dios, es nuestra salvación, sin importar que te dice el mundo ahora. La obediencia a Dios es lo que determinará como seguimos nuestras vidas.
Dios nos dio sus reglas, nos lo dejó claro, nos dijo que hacer y que no hacer. No es como que tenemos que averiguar como vivir para ser salvos de todo mal. El “manual de vida” está al alcance de todos. Solo depende de ti; si lo quieres usar y seguirlo.
Tiempo de esperar, tiempo de adviento, buen momento para iniciar una “nueva” vida con Cristo en tu corazón, nacer con Él y por eso te dejo meditando estas preguntas:
¿Cuándo desobedezco?
¿Por qué desobedezco?
¿Cuándo obedezco?
¿Por qué obedezco?
sábado, 29 de noviembre de 2014
El Adviento, preparación para la Navidad
Por: Tere Vallés | Fuente: Catholic.net
Significado del Adviento
La palabra latina “adventus” significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.
El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.
Esta es su triple finalidad:
- Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.
- Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la “presencia de Jesucristo” en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.
- Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la “majestad de su gloria”. Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creido en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.
En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:
Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.
En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.
Algunas ideas para vivir el Adviento
La Corona de Adviento
Algo que no debes olvidar
El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.
Cuida tu fe
Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.
De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.
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