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lunes, 16 de febrero de 2015
Miércoles de Ceniza, 18 de febrero 2015
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¿Qué es la Cuaresma?
La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia


El tiempo de la Cuaresma rememora los cuarenta años que el pueblo de
Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra
prometida, con todo lo que implicó de fatiga, lucha, hambre, sed y
cansancio…pero al fin el pueblo elegido gozó de esa tierra maravillosa,
que destilaba miel y frutos suculentos (Éxodo 16 y siguientes).
También para nosotros, como fue para los israelitas aquella travesía por el desierto, la Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, cima del año litúrgico, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal, y por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas a la luz, del ayuno a la comida, de la tristeza al gozo profundo, de la muerte a la vida.
La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia, si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchos los pecadores que valientemente volvieran a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el cariño de su Padre Dios!
Si tenemos la gracia de seguir felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia; así llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la Semana Santa, con todo la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.
Ayuno no sólo de comida y bebida, que también será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro cuerpo, a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así acompañar al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre todo, de nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, injusticias, insensibilidad ante las miserias del prójimo. Ayuno y abstinencia, incluso, de cosas buenas y legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño sacrificio y un acto de amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de diversiones, de cine, de bailes durante este tiempo de cuaresma. Ayuno y abstinencia, también, de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos; ayuno aquí significará renunciar a todo lo que alimenta nuestra tendencia a la curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de los sentidos, a la superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio a los ojos de Dios y nos requerirá mucho más esfuerzo, más dominio de nosotros mismos, más amor y voluntad de nuestra parte.
Limosna, dijimos. No sólo la limosna material, pecuniaria: unas cuantas monedas que damos a un pobre mendigo en la esquina. La limosna tiene que ir más allá: prestar ayuda a quien necesita, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide, compartir alegrías, repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha ofendido. La limosna es esa disponibilidad a compartir todo, la prontitud a darse a sí mismos. Significa la actitud de apertura y la caridad hacia el otro. Recordemos aquí a san Pablo: “Si repartiese toda mi hacienda…no teniendo caridad, nada me aprovecha” (1 Corintios 13, 3). También san Agustín es muy elocuente cuando escribe: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en el corazón, no has hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón, aún cuando no tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”.
Y, finalmente, oración. Si la limosna era apertura al otro, la oración es apertura a Dios. Sin oración, tanto el ayuno como la limosna no se sostendrían; caerían por su propio peso. En la oración, Dios va cambiando nuestro corazón, lo hace más limpio, más comprensivo, más generoso…en una palabra, va transformando nuestras actitudes negativas y creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad. La oración es generadora de amor. La oración me induce a conversión interior. La oración es vigorosa promotora de la acción, es decir, me lleva a hacer obras buenas por Dios y por el prójimo. En la oración recobramos la fuerza para salir victoriosos de las asechanzas y tentaciones del mundo y del demonio. Cuaresma, pues, tiempo fuerte de oración.
Miremos mucho a Cristo en esta Cuaresma. Antes de comenzar su misión salvadora se retira al desierto cuarenta días y cuarenta noches. Allí vivió su propia Cuaresma, orando a su Padre, ayunando…y después, salió por nuestro mundo repartiendo su amor, su compasión, su ternura, su perdón. Que Su ejemplo nos estimule y nos lleve a imitarle en esta cuaresma. Consigna: oración, ayuno y limosna.
Por: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net

También para nosotros, como fue para los israelitas aquella travesía por el desierto, la Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, cima del año litúrgico, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal, y por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas a la luz, del ayuno a la comida, de la tristeza al gozo profundo, de la muerte a la vida.
La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia, si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchos los pecadores que valientemente volvieran a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el cariño de su Padre Dios!
Si tenemos la gracia de seguir felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia; así llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la Semana Santa, con todo la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.
Ayuno no sólo de comida y bebida, que también será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro cuerpo, a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así acompañar al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre todo, de nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, injusticias, insensibilidad ante las miserias del prójimo. Ayuno y abstinencia, incluso, de cosas buenas y legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño sacrificio y un acto de amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de diversiones, de cine, de bailes durante este tiempo de cuaresma. Ayuno y abstinencia, también, de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos; ayuno aquí significará renunciar a todo lo que alimenta nuestra tendencia a la curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de los sentidos, a la superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio a los ojos de Dios y nos requerirá mucho más esfuerzo, más dominio de nosotros mismos, más amor y voluntad de nuestra parte.
Limosna, dijimos. No sólo la limosna material, pecuniaria: unas cuantas monedas que damos a un pobre mendigo en la esquina. La limosna tiene que ir más allá: prestar ayuda a quien necesita, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide, compartir alegrías, repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha ofendido. La limosna es esa disponibilidad a compartir todo, la prontitud a darse a sí mismos. Significa la actitud de apertura y la caridad hacia el otro. Recordemos aquí a san Pablo: “Si repartiese toda mi hacienda…no teniendo caridad, nada me aprovecha” (1 Corintios 13, 3). También san Agustín es muy elocuente cuando escribe: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en el corazón, no has hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón, aún cuando no tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”.
Y, finalmente, oración. Si la limosna era apertura al otro, la oración es apertura a Dios. Sin oración, tanto el ayuno como la limosna no se sostendrían; caerían por su propio peso. En la oración, Dios va cambiando nuestro corazón, lo hace más limpio, más comprensivo, más generoso…en una palabra, va transformando nuestras actitudes negativas y creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad. La oración es generadora de amor. La oración me induce a conversión interior. La oración es vigorosa promotora de la acción, es decir, me lleva a hacer obras buenas por Dios y por el prójimo. En la oración recobramos la fuerza para salir victoriosos de las asechanzas y tentaciones del mundo y del demonio. Cuaresma, pues, tiempo fuerte de oración.
Miremos mucho a Cristo en esta Cuaresma. Antes de comenzar su misión salvadora se retira al desierto cuarenta días y cuarenta noches. Allí vivió su propia Cuaresma, orando a su Padre, ayunando…y después, salió por nuestro mundo repartiendo su amor, su compasión, su ternura, su perdón. Que Su ejemplo nos estimule y nos lleve a imitarle en esta cuaresma. Consigna: oración, ayuno y limosna.
Por: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net

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sábado, 29 de noviembre de 2014
El Adviento, preparación para la Navidad
Por: Tere Vallés | Fuente: Catholic.net
Significado del Adviento
La palabra latina “adventus” significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.
El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.
Esta es su triple finalidad:
- Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.
- Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la “presencia de Jesucristo” en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.
- Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la “majestad de su gloria”. Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creido en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.
En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:
Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.
En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.
Algunas ideas para vivir el Adviento
La Corona de Adviento
Algo que no debes olvidar
El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.
Cuida tu fe
Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.
De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.
martes, 22 de abril de 2014
Imagenes inspiradoras de la Resurrección de Jesús
Domingo de Resurrección, celebrando la pascua; el evento del año más importante para nosotros los católicos. ¡Jesús vive!
Venció al maligno derramando su sangre bendita en la cruz. Sacrificio más grande jamás visto hacia la humanidad. Redimidos del pecado original. Bendito nuestro Señor, Alabado sea Jesucristo.
Y por ello quiero compartir unas imagenes que andaban en redes sociales con la celebración de Cristo Resucitado. Son imagenes muy inspiradoras de la gran victoria.
Bendiciones,
Venció al maligno derramando su sangre bendita en la cruz. Sacrificio más grande jamás visto hacia la humanidad. Redimidos del pecado original. Bendito nuestro Señor, Alabado sea Jesucristo.
Y por ello quiero compartir unas imagenes que andaban en redes sociales con la celebración de Cristo Resucitado. Son imagenes muy inspiradoras de la gran victoria.
Bendiciones,
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Cristo Resucitó, ¡Aleluya!
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza,
a gloria de la víctima
propicia de la Pascua.
ofrendas de alabanza,
a gloria de la víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva;
a Dios y a los culpables
unió con Nueva Alianza.
que a las ovejas salva;
a Dios y a los culpables
unió con Nueva Alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla, y,
muerto el que es la vida,
triunfante se levanta.
en singular batalla, y,
muerto el que es la vida,
triunfante se levanta.
“¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?”
“A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
María, en la mañana?”
“A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua”.
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua”.
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en Tí no manda.
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en Tí no manda.
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Amén, Aleluya.
viernes, 11 de abril de 2014
VIA CRUCIS meditado
Por la señal de la Santa Cruz… Señor mío Jesucristo…
O en su lugar:En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Nosotros, cristianos, somos conscientes de que el vía crucis del Hijo de Dios no fue simplemente el camino hacia el lugar del suplicio. Creemos que cada paso del Condenado, cada gesto o palabra suya, así como lo que vieron e hicieron todos aquellos que tomaron parte en este drama, nos hablan continuamente. En su pasión y en su muerte, Cristo nos revela también la verdad sobre Dios y sobre el hombre.
Hoy queremos reflexionar con particular intensidad sobre el contenido de aquellos acontecimientos, para que nos hablen con renovado vigor a la mente y al corazón, y sean así origen de la gracia de una auténtica participación. Participar significa tener parte. Y ¿qué quiere decir tener parte en la cruz de Cristo? Quiere decir experimentar en el Espíritu Santo el amor que esconde tras de sí la cruz de Cristo. Quiere decir reconocer, a la luz de este amor, la propia cruz. Quiere decir cargarla sobre la propia espalda y, movidos cada vez más por este amor, caminar… Caminar a través de la vida, imitando a Aquel que «soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios» (Hb 12,2).
Pausa de silencio
Oremos: Señor Jesucristo, colma nuestros corazones con la luz de tu Espíritu Santo, para que, siguiéndote en tu último camino, sepamos cuál es el precio de nuestra redención y seamos dignos de participar en los frutos de tu pasión, muerte y resurrección. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. [Juan Pablo II]
Primera Estación
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
«Reo es de muerte», dijeron de Jesús los
miembros del Sanedrín, y, como no podían ejecutar a nadie, lo llevaron
de la casa de Caifás al Pretorio. Pilato no encontraba razones para
condenar a Jesús, e incluso trató de liberarlo, pero, ante la presión
amenazante del pueblo instigado por sus jefes: «¡Crucifícalo,
crucifícalo!», «Si sueltas a ése, no eres amigo del César», pronunció la
sentencia que le reclamaban y les entregó a Jesús, después de azotarlo,
para que fuera crucificado.
San Juan el evangelista nos dice que,
pocas horas después, junto a la cruz de Jesús estaba María su madre. Y
hemos de suponer que también estuvo muy cerca de su Hijo a lo largo de
todo el Vía crucis.
Cuántos temas para la reflexión nos
ofrecen los padecimientos soportados por Jesús desde el Huerto de los
Olivos hasta su condena a muerte: abandono de los suyos, negación de
Pedro, flagelación, corona de espinas, vejaciones y desprecios sin
medida. Y todo por amor a nosotros, por nuestra conversión y salvación.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Segunda Estación
JESÚS CARGA CON LA CRUZ
JESÚS CARGA CON LA CRUZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Condenado muerte, Jesús quedó en manos de
los soldados del procurador, que lo llevaron consigo al pretorio y,
reunida la tropa, hicieron mofa de él. Llegada la hora, le quitaron el
manto de púrpura con que lo habían vestido para la burla, le pusieron de
nuevo sus ropas, le cargaron la cruz en que había de morir y salieron
camino del Calvario para allí crucificarlo.
El peso de la cruz es excesivo para las
mermadas fuerzas de Jesús, convertido en espectáculo de la chusma y de
sus enemigos. No obstante, se abraza a su patíbulo deseoso de cumplir
hasta el final la voluntad del Padre: que cargando sobre sí el pecado,
las debilidades y flaquezas de todos, los redima. Nosotros, a la vez que
contemplamos a Cristo cargado con la cruz, oigamos su voz que nos dice:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz
cada día, y sígame».
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Tercera Estación
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Nuestro Salvador, agotadas las fuerzas por
la sangre perdida en la flagelación, debilitado por la acerbidad de los
sufrimientos físicos y morales que le infligieron aquella noche, en
ayunas y sin haber dormido, apenas pudo dar algunos pasos y pronto cayó
bajo el peso de la cruz. Se sucedieron los golpes e imprecaciones de los
soldados, las risas y expectación del público. Jesús, con toda la
fuerza de su voluntad y a empellones, logró levantarse para seguir su
camino.
Isaías había profetizado de Jesús: «Eran
nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que
soportaba. Yahvé descargó sobre él la culpa de todos nosotros». El peso
de la cruz nos hace tomar conciencia del peso de nuestros pecados,
infidelidades, ingratitudes…, de cuanto está figurado en ese madero. Por
otra parte, Jesús, que nos invita a cargar con nuestra cruz y seguirle,
nos enseña aquí que también nosotros podemos caer, y que hemos de
comprender a los que caen; ninguno debe quedar postrado; todos hemos de
levantarnos con humildad y confianza buscando su ayuda y perdón.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Cuarta Estación
JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE
JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
En su camino hacia el Calvario, Jesús va
envuelto por una multitud de soldados, jefes judíos, pueblo, gentes de
buenos sentimientos… También se encuentra allí María, que no aparta la
vista de su Hijo, quien, a su vez, la ha entrevisto en la muchedumbre.
Pero llega un momento en que sus miradas se encuentran, la de la Madre
que ve al Hijo destrozado, la de Jesús que ve a María triste y afligida,
y en cada uno de ellos el dolor se hace mayor al contemplar el dolor
del otro, a la vez que ambos se sienten consolados y confortados por el
amor y la compasión que se transmiten.
Nos es fácil adivinar lo que padecerían
Jesús y María pensando en lo que toda buena madre y todo buen hijo
sufrirían en semejantes circunstancias. Esta es sin duda una de las
escenas más patéticas del Vía crucis, porque aquí se añaden, al cúmulo
de motivos de dolor ya presentes, la aflicción de los afectos
compartidos de una madre y un hijo. María acompaña a Jesús en su
sacrificio y va asumiendo su misión de corredentora.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Quinta Estación
JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO
JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús salió del pretorio llevando a
cuestas su cruz, camino del Calvario; pero su primera caída puso de
manifiesto el agotamiento del reo. Temerosos los soldados de que la
víctima sucumbiese antes de hora, pensaron en buscarle un sustituto.
Entonces el centurión obligó a un tal Simón de Cirene, que venía del
campo y pasaba por allí, a que tomara la cruz sobre sus hombros y la
llevara detrás de Jesús. Tal vez Simón tomó la cruz de mala gana y a la
fuerza, pero luego, movido por el ejemplo de Cristo y tocado por la
gracia, la abrazó con resignación y amor y fue para él y sus hijos el
origen de su conversión.
El Cireneo ha venido a ser como la imagen
viviente de los discípulos de Jesús, que toman su cruz y le siguen.
Además, el ejemplo de Simón nos invita a llevar los unos las cargas de
los otros, como enseña San Pablo. En los que más sufren hemos de ver a
Cristo cargado con la cruz que requiere nuestra ayuda amorosa y
desinteresada.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Sexta Estación
LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS
LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Dice el profeta Isaías: «No tenía
apariencia ni presencia; lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos
estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor
de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y
no lo tuvimos en cuenta». Es la descripción profética de la figura de
Jesús camino del Calvario, con el rostro desfigurado por el sufrimiento,
la sangre, los salivazos, el polvo, el sudor… Entonces, una mujer del
pueblo, Verónica de nombre, se abrió paso entre la muchedumbre llevando
un lienzo con el que limpió piadosamente el rostro de Jesús. El Señor,
como respuesta de gratitud, le dejó grabada en él su Santa Faz.
Una letrilla tradicional de esta sexta
estación nos dice: «Imita la compasión / de Verónica y su manto / si de
Cristo el rostro santo / quieres en tu corazón». Nosotros podemos
repetir hoy el gesto de la Verónica en el rostro de Cristo que se nos
hace presente en tantos hermanos nuestros que comparten de diversas
maneras la pasión del Señor, quien nos recuerda: «Lo que hagáis con uno
de estos, mis pequeños, conmigo lo hacéis».
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Séptima Estación
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús había tomado de nuevo la cruz y con
ella a cuestas llegó a la cima de la empinada calle que daba a una de
las puertas de la ciudad. Allí, extenuado, sin fuerzas, cayó por segunda
vez bajo el peso de la cruz. Faltaba poco para llegar al sitio en que
tenía que ser crucificado, y Jesús, empeñado en llevar a cabo hasta la
meta los planes de Dios, aún logró reunir fuerzas, levantarse y
proseguir su camino.
Nada tiene de extraño que Jesús cayera si
se tiene en cuenta cómo había sido castigado desde la noche anterior, y
cómo se encontraba en aquel momento. Pero, al mismo tiempo, este paso
nos muestra lo frágil que es la condición humana, aun cuando la aliente
el mejor espíritu, y que no han de desmoralizarnos las flaquezas ni las
caídas cuando seguimos a Cristo cargados con nuestra cruz. Jesús, por
los suelos una vez más, no se siente derrotado ni abandona su cometido.
Para Él no es tan grave el caer como el no levantarnos. Y pensemos
cuántas son las personas que se sienten derrotadas y sin ánimos para
reemprender el seguimiento de Cristo, y que la ayuda de una mano amiga
podría sacarlas de su postración.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Octava Estación
JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN
JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Dice el evangelista San Lucas que a Jesús,
camino del Calvario, lo seguía una gran multitud del pueblo; y unas
mujeres se dolían y se lamentaban por Él. Jesús, volviéndose a ellas les
dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por
vosotras y por vuestros hijos»; añadiéndoles, en figuras, que si la ira
de Dios se ensañaba como veían con el Justo, ya podían pensar cómo lo
haría con los culpables.
Mientras muchos espectadores se divierten y
lanzan insultos contra Jesús, no faltan algunas mujeres que, desafiando
las leyes que lo prohibían, tienen el valor de llorar y lamentar la
suerte del divino Condenado. Jesús, sin duda, agradeció los buenos
sentimientos de aquellas mujeres, y movido del amor a las mismas quiso
orientar la nobleza de sus corazones hacia lo más necesario y urgente:
la conversión suya y la de sus hijos. Jesús nos enseña a establecer la
escala de los valores divinos en nuestra vida y nos da una lección sobre
el santo temor de Dios.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Novena Estación
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Una vez llegado al Calvario, en la
cercanía inmediata del punto en que iba a ser crucificado, Jesús cayó
por tercera vez, exhausto y sin arrestos ya para levantarse. Las
condiciones en que venía y la continua subida lo habían dejado sin
aliento. Había mantenido su decisión de secundar los planes de Dios, a
los que servían los planes de los hombres, y así había alcanzado, aunque
con un total agotamiento, los pies del altar en que había de ser
inmolado.
Jesús agota sus facultades físicas y
psíquicas en el cumplimiento de la voluntad del Padre, hasta llegar a la
meta y desplomarse. Nos enseña que hemos de seguirle con la cruz a
cuestas por más caídas que se produzcan y hasta entregarnos en las manos
del Padre vacíos de nosotros mismos y dispuestos a beber el cáliz que
también nosotros hemos de beber. Por otra parte, la escena nos invita a
recapacitar sobre el peso y la gravedad de los pecados, que hundieron a
Cristo.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Décima Estación
JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS
JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Ya en el Calvario y antes de crucificar a
Jesús, le dieron a beber vino mezclado con mirra; era una piadosa
costumbre de los judíos para amortiguar la sensibilidad del que iba a
ser ajusticiado. Jesús lo probo, como gesto de cortesía, pero no quiso
beberlo; prefería mantener la plena lucidez y conciencia en los momentos
supremos de su sacrificio. Por otra parte, los soldados despojaron a
Jesús, sin cuidado ni delicadeza alguna, de sus ropas, incluidas las que
estaban pegadas en la carne viva, y, después de la crucifixión, se las
repartieron.
Para Jesús fue sin duda muy doloroso ser
así despojado de sus propios vestidos y ver a qué manos iban a parar. Y
especialmente para su Madre, allí presente, hubo de ser en extremo
triste verse privada de aquellas prendas, tal vez labradas por sus manos
con maternal solicitud, y que ella habría guardado como recuerdo del
Hijo querido.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Undécima Estación
JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ
JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
«Y lo crucificaron», dicen escuetamente
los evangelistas. Había llegado el momento terrible de la crucifixión, y
Jesús fue fijado en la cruz con cuatro clavos de hierro que le
taladraban las manos y los pies. Levantaron la cruz en alto y el cuerpo
de Cristo quedó entre cielo y tierra, pendiente de los clavos y apoyado
en un saliente que había a mitad del palo vertical. En la parte superior
de este palo, encima de la cabeza de Jesús, pusieron el título o causa
de la condenación: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos». También
crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su
izquierda.
El suplicio de la cruz, además de ser
infame, propio de esclavos criminales o de insignes facinerosos, era
extremadamente doloroso, como apenas podemos imaginar. El espectáculo
mueve a compasión a cualquiera que lo contemple y sea capaz de nobles
sentimientos. Pero siempre ha sido difícil entender la locura de la
cruz, necedad para el mundo y salvación para el cristiano. La liturgia
canta la paradoja: «¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza /
con un peso tan dulce en su corteza!».
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Duodécima Estación
JESÚS MUERE EN LA CRUZ
JESÚS MUERE EN LA CRUZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Desde la crucifixión hasta la muerte
transcurrieron tres largas horas que fueron de mortal agonía para Jesús y
de altísimas enseñanzas para nosotros. Desde el principio, muchos de
los presentes, incluidas las autoridades religiosas, se desataron en
ultrajes y escarnios contra el Crucificado. Poco después ocurrió el
episodio del buen ladrón, a quien dijo Jesús: «Hoy estarás conmigo en el
paraíso». San Juan nos refiere otro episodio emocionante por demás:
Viendo Jesús a su Madre junto a la cruz y con ella a Juan, dice a su
Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»; luego dice al discípulo: «Ahí
tienes a tu madre»; y desde aquella hora el discípulo la acogió en su
casa. Después de esto, nos dice el mismo evangelista, sabiendo Jesús que
ya todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed». Tomó el vinagre que le
acercaron, y añadió: «Todo está cumplido». E inclinando la cabeza
entregó el espíritu.
A los motivos de meditación que nos ofrece
la contemplación de Cristo agonizante en la cruz, lo que hizo y dijo,
se añaden los que nos brinda la presencia de María, en la que tendrían
un eco muy particular los sufrimientos y la muerte del hijo de sus
entrañas.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Decimotercera Estación
JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ
Y PUESTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE
JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ
Y PUESTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Para que los cadáveres no quedaran en la
cruz al día siguiente, que era un sábado muy solemne para los judíos,
éstos rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran;
los soldados sólo quebraron las piernas de los otros dos, y a Jesús, que
ya había muerto, uno de los soldados le atravesó el costado con una
lanza. Después, José de Arimatea y Nicodemo, discípulos de Jesús,
obtenido el permiso de Pilato y ayudados por sus criados o por otros
discípulos del Maestro, se acercaron a la cruz, desclavaron cuidadosa y
reverentemente los clavos de las manos y los pies y con todo miramiento
lo descolgaron. Al pie de la cruz estaba la Madre, que recibió en sus
brazos y puso en su regazo maternal el cuerpo sin vida de su Hijo.
Escena conmovedora, imagen de amor y de
dolor, expresión de la piedad y ternura de una Madre que contempla,
siente y llora las llegas de su Hijo martirizado. Una lanza había
atravesado el costado de Cristo, y la espada que anunciara Simeón acabó
de atravesar el alma de la María.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Decimocuarta Estación
JESÚS ES SEPULTADO
JESÚS ES SEPULTADO
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
José de Arimatea y Nicodemo tomaron luego
el cuerpo de Jesús de los brazos de María y lo envolvieron en una sábana
limpia que José había comprado. Cerca de allí tenía José un sepulcro
nuevo que había cavado para sí mismo, y en él enterraron a Jesús.
Mientras los varones procedían a la sepultura de Cristo, las santas
mujeres que solían acompañarlo, y sin duda su Madre, estaban sentadas
frente al sepulcro y observaban dónde y cómo quedaba colocado el cuerpo.
Después, hicieron rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro, y
regresaron todos a Jerusalén.
Con la sepultura de Jesús el corazón de su
Madre quedaba sumido en tinieblas de tristeza y soledad. Pero en medio
de esas tinieblas brillaba la esperanza cierta de que su Hijo
resucitaría, como Él mismo había dicho. En todas las situaciones humanas
que se asemejen al paso que ahora contemplamos, la fe en la
resurrección es el consuelo más firme y profundo que podemos tener.
Cristo ha convertido en lugar de mera transición la muerte y el
sepulcro, y cuanto simbolizan.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Decimoquinta Estación
JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS
JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Pasado el sábado, María Magdalena y otras
piadosas mujeres fueron muy de madrugada al sepulcro. Llegadas allí
observaron que la piedra había sido removida. Entraron en el sepulcro y
no hallaron el cuerpo del Señor, pero vieron a un ángel que les dijo:
«Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está
aquí». Poco después llegaron Pedro y Juan, que comprobaron lo que les
habían dicho las mujeres. Pronto comenzaron las apariciones de Jesús
resucitado: la primera, sin duda, a su Madre; luego, a la Magdalena, a
Simón Pedro, a los discípulos de Emaús, al grupo de los apóstoles
reunidos, etc., y así durante cuarenta días. Nadie presenció el momento
de la resurrección, pero fueron muchos los que, siendo testigos
presenciales de la muerte y sepultura del Señor, después lo vieron y
trataron resucitado.
En los planes salvíficos de Dios, la
pasión y muerte de Jesús no tenían como meta y destino el sepulcro, sino
la resurrección, en la que definitivamente la vida vence a la muerte,
la gracia al pecado, el amor al odio. Como enseña San Pablo, la
resurrección de Cristo es nuestra resurrección, y si hemos resucitado
con Cristo hemos de vivir según la nueva condición de hijos de Dios que
hemos recibido en el bautismo.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y
afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Oremos: Señor
Jesucristo, tú nos has concedido acompañarte, con María tu Madre, en los
misterios de tu pasión, muerte y sepultura, para que te acompañemos
también en tu resurrección; concédenos caminar contigo por los nuevos
caminos del amor y de la paz que nos has enseñado. Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos. Amén
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lunes, 7 de abril de 2014
Historia: Vía Crucis – Estaciones de la Cruz
“Vía Crucis” latín de “Camino de la Cruz” . También conocido como “Estaciones de la Cruz” y “Vía Dolorosa”. Se trata de un camino de oración que busca adentrarnos en la meditación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo en su camino al Calvario. El camino se representa con una serie de imágenes de la Pasión o “Estaciones” correspondientes a incidentes particulares que Jesús sufrió por nuestra salvación.
Las imágenes pueden ser pinturas o esculturas. Algunas representaciones son grandes obras de arte inspiradas por Dios para suscitar mayor comprensión del amor de Jesucristo y movernos a la conversión. Entre éstas se destacan las de la catedral de Antwerp en Bélgica y las del Santuario de Lourdes, Francia.
Las estaciones generalmente se colocan en intervalos en las paredes de la iglesia o en lugares reservados para la oración. Los santuarios, casas de retiros y otros lugares de oración suelen tener estaciones de la cruz en un terreno cercano. En los monasterios generalmente se encuentran en el claustro.
La finalidad de las Estaciones es ayudarnos a unirnos a Nuestro Señor haciendo una peregrinación espiritual a la Tierra Santa, a los momentos mas señalados de su Pasión y muerte redentora. Pasamos de Estación en Estación meditando ciertas oraciones. Varios santos, entre ellos San Alfonso Ligorio, Doctor de la Iglesia, han escrito meditaciones para cada estación. También podemos añadir las nuestras. Es tradición, cuando las Estaciones se hacen en público, cantar una estrofa del “Stabat Mater” mientras se pasa de una estación a la otra.
Historia
La costumbre de rezar las Estaciones de la Cruz posiblemente comenzó en Jerusalén. Ciertos lugares de La Vía Dolorosa (aunque no se llamó así antes del siglo XVI) fueron reverentemente marcados desde los primeros siglos. Hacer allí las Estaciones de la Cruz se convirtió en la meta de muchos peregrinos desde la época del emperador Constantino (Siglo cuarto).
Según la tradición, la Santísima Virgen visitaba diariamente las Estaciones originales y San Jerónimo, Padre de la Iglesia, escribió sobre la multitud de peregrinos de todos los países que visitaban los lugares santos en su tiempo. Sin embargo, no existe prueba de una forma fija para esta devoción en los primeros siglos.
Desde el siglo doce los peregrinos escriben sobre la “Vía Sacra”, como una ruta por la que pasaban recordando la Pasión. No sabemos cuando surgieron las Estaciones según las conocemos hoy, ni cuando se les comenzó a conceder indulgencias pero probablemente fueron los Franciscanos los primeros en establecer el Vía Crucis ya que a ellos se les concedió en 1342 la custodia de los lugares mas preciados de Tierra Santa. Tampoco está claro en que dirección se recorrían ya que, según parece, hasta el siglo XV muchos lo hacían comenzando en el Monte Calvario y retrocediendo hasta la casa de Pilato.
Ferraris menciona las siguientes Estaciones con indulgencias:
-El lugar donde Jesús se encuentra con su Madre.
-Donde Jesús habló con las mujeres de Jerusalén.
-Donde se encontró con Simón Cirineo
-Donde los soldados se sortean sus vestiduras.
-Donde fue crucificado
-La casa de Pilato
-El Santo Sepulcro
Muchos peregrinos no podían ir a Tierra Santa ya sea por la distancia y difíciles comunicaciones, ya sea por las invasiones de los musulmanes que por siglos dominaron esas tierras y perseguían a los cristianos. Así creció la necesidad de representar la Tierra Santa en otros lugares mas asequibles e ir a ellos en peregrinación. En varios lugares de Europa se construyeron representaciones de los mas importantes santuarios de Jerusalén.
En los siglos XV y XVI se erigieron Estaciones en diferentes partes de Europa. El Beato Alvarez (m.1420), que en su regreso de Tierra Santa, construyó una serie de pequeñas capillas en el convento dominico de Córdoba en las que se pintaron las principales escenas de la Pasión en forma de estaciones. Por la misma época, la Beata Eustochia, clarisa, construyó Estaciones similares en su convento en Messina. Hay otros ejemplos. Sin embargo, la primera vez que se conoce el uso de la palabra “Estaciones” siendo utilizada en el sentido actual del Vía Crucis se encuentra en la narración del peregrino inglés Guillermo Wey sobre sus visitas a la Tierra Santa en 1458 y en 1462. Wey ya menciona catorce estaciones, pero solo cinco de ellas corresponden a que se usan hoy día, mientras que siete solo remotamente se refieren a la Pasión.
Por la dificultad creciente de visitar la Tierra Santa bajo dominio musulmán, las Estaciones de la Cruz y diferentes manuales para rezar en ellas se difundieron por Europa. Las Estaciones tal como las conocemos hoy fueron aparentemente influenciadas por el libro “Jerusalén sicut Christi tempore floruit” escrito por un tal Adrichomius en 1584. En este libro el Vía Crucis tiene doce estaciones y estas corresponden exactamente a nuestras primeras doce. Parece entonces que Vía Crucis, como lo conocemos hoy surge de las representaciones procedentes de Europa.
Pocas de las Estaciones en los tiempos medievales mencionan la segunda (Jesús carga con la cruz) ni la décima (Jesús es despojado de sus vestiduras). Por otro lado algunas que hoy no aparecen eran antes mas comunes. Entre estas, el balcón desde donde Pilato pronunció Ecce Homo (he aquí al hombre).
En el año 1837, la Sagrada Congregación para las Indulgencias precisó que aunque no había obligación, es mas apropiado que las estaciones comiencen en el lado en que se proclama el Evangelio. Pero esto puede variar según la estructura de la iglesia y la posición de las imágenes en las Estaciones. La procesión debe seguir a Cristo mas bien que encontrarse de frente con El.
Comprendiendo la dificultad de peregrinar a la Tierra Santa, el papa Inocente XI en 1686 concedió a los franciscanos el derecho de erigir Estaciones en sus iglesias y declaró que todas las indulgencias anteriormente obtenidas por devotamente visitar los lugares de la Pasión del Señor en Tierra Santa las podían en adelante ganar los franciscanos y otros afiliados a la orden haciendo las Estaciones de la Cruz en sus propias iglesias según la forma acostumbrada. Inocente XII confirmó este privilegio en 1694 y Benedicto XIII en 1726 lo extendió a todos los fieles. En 1731 Clemente XII lo extendió aun mas permitiendo las indulgencias en todas las iglesias siempre que las Estaciones fueran erigidas por un padre franciscano con la sanción del ordinario (obispo local). Al mismo tiempo definitivamente fijó en catorce el número de Estaciones. Benedicto XIV en 1742 exhortó a todos los sacerdotes a enriquecer sus iglesias con el rico tesoro de las Estaciones de la Cruz. En 1773 Clemente XIV concedió la misma indulgencia, bajo ciertas circunstancias, a los crucifijos bendecidos para el rezo de las Estaciones, para el uso de los enfermos, los que están en el mar, en prisión u otros impedidos de hacer las Estaciones en la iglesia. La condición es que sostengan el crucifijo en sus manos mientras rezan Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria un número determinado de veces. Estos crucifijos especiales no pueden venderse, prestarse ni regalarse sin perder las indulgencias ya que son propias para personas en situaciones especiales. En 1857 los obispos de Inglaterra recibieron facultades de la Santa Cede para erigir ellos mismos las Estaciones con indulgencias cuando no hubiesen franciscanos. En 1862 se quitó esta última restricción y los obispos obtuvieron permiso para erigir las Estaciones ya sea personalmente o por delegación siempre que fuese dentro de su diócesis.
| Regulaciones actuales sobre las indulgencias Publicadas en el Enchiridion Indulgentiarum Normae et Concessiones, Mayo de 1986, Librería Editrice Vaticana (Traducción no oficial del inglés por el Padre Jordi Rivero) Se concede indulgencia plenaria a los fieles cristianos que devotamente hacen las Estaciones de la Cruz. El ejercicio devoto de las Estaciones de la Cruz ayuda a renovar nuestro recuerdo de los sufrimientos de Cristo en su camino desde el praetorium de Pilato, donde fue condenado a muerte, hasta el Monte Calvario, donde por nuestra salvación murió en la cruz. Las normas para obtener estas indulgencias plenarias son: 1. Deben hacerse ante Estaciones de la Cruz erigidas según la ley. 2. Deben haber catorce cruces. Para ayudar en la devoción estas cruces están normalmente adjuntas a catorce imágenes o tablas representando las estaciones de Jerusalén. 3. Las Estaciones consisten en catorce piadosas lecturas con oraciones vocales. Pero para hacer estos ejercicios solo se requiere que se medite devotamente la pasión y muerte del Señor. No se requiere la meditación de cada misterio de las estaciones. 4. El movimiento de una Estación a la otra. Si no es posible a todos los presente hacer este movimiento sin causar desorden al hacerse las Estaciones públicamente, es suficiente que la persona que lo dirige se mueva de Estación a Estación mientras los otros permanecen en su lugar. 5. Las personas que están legítimamente impedidas de satisfacer los requisitos anteriormente indicados, pueden obtener indulgencias si al menos pasan algún tiempo, por ejemplo, quince minutos en la lectura devota y la meditación de la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo. 6. Otros ejercicios de devoción son equivalentes a las Estaciones de la Cruz, aun en cuanto a indulgencias, si éstos nos recuerdan la Pasión y muerte del Señor y están aprobados por una autoridad competente. . 7. Para otros ritos. Los patriarcas pueden establecer otros ejercicios devotos en memoria de la Pasión y muerte de nuestro Señor, en manera similar a las Estaciones de la Cruz. |
Las Estaciones de la Cruz se pueden hacer con gran beneficio todo el año y son especialmente significativas durante la Cuaresma. Cada viernes santo, el Santo Padre dirige las Estaciones de la Cruz desde el Coliseo en Roma para recordar a los mártires y nuestro llamado a seguir sus pasos.
PADRE JORDI RIVERO
-Fuente principal para los datos históricos: El artículo de G. CYPRIAN ALSTON en la Catholic Encyclopedia, copyright © 1913 por Encyclopedia Press, Inc.
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domingo, 2 de febrero de 2014
La Consagración Religiosa
| Hoy celebramos la consagración de todos los religiosos al Señor. | ||
| El religioso consuma la plena donación de sí mismo como un
sacrificio ofrecido a Dios, por el que toda su existencia se convierte
en culto continuo a Dios en amor
Por lo que les comparto la definición de lo que significa la consagración. |
||
|
martes, 28 de enero de 2014
¿Es bueno llevar a niños pequeños a misa?
| ¿Hay que llevar a los niños pequeños a misa aunque lloren? Un sacerdote responde con argumentos | |||
| Educar desde pequeños con fe, paciencia | |||
|
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