Mostrando entradas con la etiqueta pascua. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pascua. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de febrero de 2015

Miércoles de Ceniza, 18 de febrero 2015


¿Qué es la Cuaresma?


La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia Cuaresma
El tiempo de la Cuaresma rememora los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida, con todo lo que implicó de fatiga, lucha, hambre, sed y cansancio…pero al fin el pueblo elegido gozó de esa tierra maravillosa, que destilaba miel y frutos suculentos (Éxodo 16 y siguientes).

También para nosotros, como fue para los israelitas aquella travesía por el desierto, la Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, cima del año litúrgico, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal, y por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas a la luz, del ayuno a la comida, de la tristeza al gozo profundo, de la muerte a la vida.

La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia, si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchos los pecadores que valientemente volvieran a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el cariño de su Padre Dios!

Si tenemos la gracia de seguir felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia; así llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la Semana Santa, con todo la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.

Ayuno no sólo de comida y bebida, que también será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro cuerpo, a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así acompañar al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre todo, de nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, injusticias, insensibilidad ante las miserias del prójimo. Ayuno y abstinencia, incluso, de cosas buenas y legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño sacrificio y un acto de amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de diversiones, de cine, de bailes durante este tiempo de cuaresma. Ayuno y abstinencia, también, de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos; ayuno aquí significará renunciar a todo lo que alimenta nuestra tendencia a la curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de los sentidos, a la superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio a los ojos de Dios y nos requerirá mucho más esfuerzo, más dominio de nosotros mismos, más amor y voluntad de nuestra parte.

Limosna, dijimos. No sólo la limosna material, pecuniaria: unas cuantas monedas que damos a un pobre mendigo en la esquina. La limosna tiene que ir más allá: prestar ayuda a quien necesita, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide, compartir alegrías, repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha ofendido. La limosna es esa disponibilidad a compartir todo, la prontitud a darse a sí mismos. Significa la actitud de apertura y la caridad hacia el otro. Recordemos aquí a san Pablo: “Si repartiese toda mi hacienda…no teniendo caridad, nada me aprovecha” (1 Corintios 13, 3). También san Agustín es muy elocuente cuando escribe: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en el corazón, no has hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón, aún cuando no tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”.
Y, finalmente, oración. Si la limosna era apertura al otro, la oración es apertura a Dios. Sin oración, tanto el ayuno como la limosna no se sostendrían; caerían por su propio peso. En la oración, Dios va cambiando nuestro corazón, lo hace más limpio, más comprensivo, más generoso…en una palabra, va transformando nuestras actitudes negativas y creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad. La oración es generadora de amor. La oración me induce a conversión interior. La oración es vigorosa promotora de la acción, es decir, me lleva a hacer obras buenas por Dios y por el prójimo. En la oración recobramos la fuerza para salir victoriosos de las asechanzas y tentaciones del mundo y del demonio. Cuaresma, pues, tiempo fuerte de oración.

Miremos mucho a Cristo en esta Cuaresma. Antes de comenzar su misión salvadora se retira al desierto cuarenta días y cuarenta noches. Allí vivió su propia Cuaresma, orando a su Padre, ayunando…y después, salió por nuestro mundo repartiendo su amor, su compasión, su ternura, su perdón. Que Su ejemplo nos estimule y nos lleve a imitarle en esta cuaresma. Consigna: oración, ayuno y limosna.

Por: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net

cuaresmabasecolor

¿Cuando Dios no hace lo que le pedimos, dejamos de creer en Él?

Me gusto ésta frase que dijo el padre en misa el domingo pasado, encierra mucho el estilo de vida del católico, especialmente del laico. No lo dijo como pregunta, lo dijo como afirmación, pero yo, pregunto.

¿Nos sentimos con el derecho de “exigir” como un niño pequeño?. ¿Sentimos que debemos de pedir con autoridad de ser complacidos?.
Pues el evangelio del domingo pasado, nos dice:
TO06DB
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45):
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.»
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.»
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
Palabra del Señor

“Si quieres, puedes limpiarme”
Grande la solicitud del leproso. “Si Quieres”, pregunto, y no le dijo: “cúrame”, “sáname”, “límpiame”.
Ahora pensemos si es de esa manera como le hablamos a Jesús. Analicemos solo esa frase. “Si quieres”.

¿Qué pasa cuando pedimos, de la manera en como pedimos las cosas?,¿A caso Jesús nos escucha?, ¿Nos ignora?, ¿No nos entiende?, ¿Por qué se tarda tanto?. Nos frustramos.
Comenzamos a dudar del “poder de Dios”, nos preguntamos si en verdad existe, si es MI DIOS, y no se que otras cosas puedan pasar por nuestra mente.
Es el momento de debilidad donde comenzamos a dudar y cuestionar ¿Por qué seguimos el mismo camino, si es tan difícil?.

Nuestra fe (si es que había algo de ella en nuestras vidas) se va debilitando al punto en dejar de creer en Él y en dejar de seguirlo o buscarlo, cualquiera que sea el caso. Somos demasiado obstinados y orgullosos como para seguir “sufriendo” si Dios no nos consiente o no nos contempla.
He allí el éxodo de tanto católico y a dejar de creer del todo. Pues creen que las respuestas de parte de Dios deben de ser inmediatas, fáciles, rápidas y sin complicaciones.

Dios es un Dios de misericordia, entonces ¿Por qué no responde cuando se lo pedimos?. ¿Será que nos comportamos como esos niños que mencioné al principio del post?.

¿Cómo nos atrevemos a exigir, si ni siquiera damos NADA o muy poco a cambio?
¿Quién es Dios?, ¿Él o Yo?. ¿Por qué me creo superior entonces si se que yo no soy nadie a los pies de Jesús? “Si quieres, puedes curarme” así es como debemos de pedir…y veremos la Gloria del Señor. Aprendamos a ser amables, educados, constantes y buenos hijos para merecer todo eso que queremos pedir.

Respetemos y sigamos las leyes de la Iglesia, del Papa, de nuestros Sacerdotes. Con discernimiento de que lo que se defiende es la Palabra de Dios como está en la Biblia. No a conveniencia del humano del siglo XXI que todo es relatividad.

No nos alejemos de Dios porque no nos resolvió como queríamos. Al contrario, perseveremos en la humildad, en oración y veremos ese cambio en nuestras vidas. Veremos esas respuestas del Señor como siempre hemos querido. Pero dejemos de berrinchar, exigir y gritar como que nos merecemos el mundo si no damos un paso por ser mejores personas. Tratemos ahora que estamos entrando en cuaresma y enmendemos nuestra vida pasada. Sigamos creyendo en Dios, porque es maravilloso, Él extiende la mano al que pide con amor, no le niega nada a nadie si es merecedor y dará frutos de su solicitud.

Dios es compasivo y paciente, siempre nos apoya, no nos demos por vencidos, pero seamos correctos para merecer la Gloria. El Espíritu Santo es nuestro guía, solo déjate llevar y escucha su mensaje; todo tiene su tiempo y todo tiene su lugar.

¿Estás dispuesto a cambiar?, ¿Seguirás a Dios aunque no recibas respuesta cuando tu la esperas?
Cuaresma: tiempo litúrgico de conversión, cuarenta días antes de la Pascua. En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

martes, 22 de abril de 2014

Imagenes inspiradoras de la Resurrección de Jesús

Domingo de Resurrección, celebrando la pascua; el evento del año más importante para nosotros los católicos. ¡Jesús vive!
Venció al maligno derramando su sangre bendita en la cruz. Sacrificio más grande jamás visto hacia la humanidad. Redimidos del pecado original. Bendito nuestro Señor, Alabado sea Jesucristo.
Y por ello quiero compartir unas imagenes que andaban en redes sociales con la celebración de Cristo Resucitado. Son imagenes muy inspiradoras de la gran victoria.
Bendiciones,





















Cristo Resucitó, ¡Aleluya!

149419_10150647775581288_2030268845_n
 
 
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza,
a gloria de la víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva;
a Dios y a los culpables
unió con Nueva Alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla, y,
muerto el que es la vida,
triunfante se levanta.
“¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?”
“A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua”.
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en Tí no manda.
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Amén, Aleluya.

viernes, 11 de abril de 2014

VIA CRUCIS meditado


O en su lugar:
En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial
Nosotros, cristianos, somos conscientes de que el vía crucis del Hijo de Dios no fue simplemente el camino hacia el lugar del suplicio. Creemos que cada paso del Condenado, cada gesto o palabra suya, así como lo que vieron e hicieron todos aquellos que tomaron parte en este drama, nos hablan continuamente. En su pasión y en su muerte, Cristo nos revela también la verdad sobre Dios y sobre el hombre.
Hoy queremos reflexionar con particular intensidad sobre el contenido de aquellos acontecimientos, para que nos hablen con renovado vigor a la mente y al corazón, y sean así origen de la gracia de una auténtica participación. Participar significa tener parte. Y ¿qué quiere decir tener parte en la cruz de Cristo? Quiere decir experimentar en el Espíritu Santo el amor que esconde tras de sí la cruz de Cristo. Quiere decir reconocer, a la luz de este amor, la propia cruz. Quiere decir cargarla sobre la propia espalda y, movidos cada vez más por este amor, caminar… Caminar a través de la vida, imitando a Aquel que «soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios» (Hb 12,2).

Pausa de silencio

Oremos: Señor Jesucristo, colma nuestros corazones con la luz de tu Espíritu Santo, para que, siguiéndote en tu último camino, sepamos cuál es el precio de nuestra redención y seamos dignos de participar en los frutos de tu pasión, muerte y resurrección. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. [Juan Pablo II]

Estacion1_Jesus_condenado_a_muerte

Primera Estación
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
«Reo es de muerte», dijeron de Jesús los miembros del Sanedrín, y, como no podían ejecutar a nadie, lo llevaron de la casa de Caifás al Pretorio. Pilato no encontraba razones para condenar a Jesús, e incluso trató de liberarlo, pero, ante la presión amenazante del pueblo instigado por sus jefes: «¡Crucifícalo, crucifícalo!», «Si sueltas a ése, no eres amigo del César», pronunció la sentencia que le reclamaban y les entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera crucificado.
San Juan el evangelista nos dice que, pocas horas después, junto a la cruz de Jesús estaba María su madre. Y hemos de suponer que también estuvo muy cerca de su Hijo a lo largo de todo el Vía crucis.
Cuántos temas para la reflexión nos ofrecen los padecimientos soportados por Jesús desde el Huerto de los Olivos hasta su condena a muerte: abandono de los suyos, negación de Pedro, flagelación, corona de espinas, vejaciones y desprecios sin medida. Y todo por amor a nosotros, por nuestra conversión y salvación.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
jesus415

Segunda Estación
JESÚS CARGA CON LA CRUZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Condenado muerte, Jesús quedó en manos de los soldados del procurador, que lo llevaron consigo al pretorio y, reunida la tropa, hicieron mofa de él. Llegada la hora, le quitaron el manto de púrpura con que lo habían vestido para la burla, le pusieron de nuevo sus ropas, le cargaron la cruz en que había de morir y salieron camino del Calvario para allí crucificarlo.
El peso de la cruz es excesivo para las mermadas fuerzas de Jesús, convertido en espectáculo de la chusma y de sus enemigos. No obstante, se abraza a su patíbulo deseoso de cumplir hasta el final la voluntad del Padre: que cargando sobre sí el pecado, las debilidades y flaquezas de todos, los redima. Nosotros, a la vez que contemplamos a Cristo cargado con la cruz, oigamos su voz que nos dice: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame».
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Almadeaventurero_Estación3
Tercera Estación
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Nuestro Salvador, agotadas las fuerzas por la sangre perdida en la flagelación, debilitado por la acerbidad de los sufrimientos físicos y morales que le infligieron aquella noche, en ayunas y sin haber dormido, apenas pudo dar algunos pasos y pronto cayó bajo el peso de la cruz. Se sucedieron los golpes e imprecaciones de los soldados, las risas y expectación del público. Jesús, con toda la fuerza de su voluntad y a empellones, logró levantarse para seguir su camino.
Isaías había profetizado de Jesús: «Eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba. Yahvé descargó sobre él la culpa de todos nosotros». El peso de la cruz nos hace tomar conciencia del peso de nuestros pecados, infidelidades, ingratitudes…, de cuanto está figurado en ese madero. Por otra parte, Jesús, que nos invita a cargar con nuestra cruz y seguirle, nos enseña aquí que también nosotros podemos caer, y que hemos de comprender a los que caen; ninguno debe quedar postrado; todos hemos de levantarnos con humildad y confianza buscando su ayuda y perdón.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Estacion4_Jesus_se_encuentra_con_su_madre
Cuarta Estación
JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
En su camino hacia el Calvario, Jesús va envuelto por una multitud de soldados, jefes judíos, pueblo, gentes de buenos sentimientos… También se encuentra allí María, que no aparta la vista de su Hijo, quien, a su vez, la ha entrevisto en la muchedumbre. Pero llega un momento en que sus miradas se encuentran, la de la Madre que ve al Hijo destrozado, la de Jesús que ve a María triste y afligida, y en cada uno de ellos el dolor se hace mayor al contemplar el dolor del otro, a la vez que ambos se sienten consolados y confortados por el amor y la compasión que se transmiten.
Nos es fácil adivinar lo que padecerían Jesús y María pensando en lo que toda buena madre y todo buen hijo sufrirían en semejantes circunstancias. Esta es sin duda una de las escenas más patéticas del Vía crucis, porque aquí se añaden, al cúmulo de motivos de dolor ya presentes, la aflicción de los afectos compartidos de una madre y un hijo. María acompaña a Jesús en su sacrificio y va asumiendo su misión de corredentora.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Estacion5_Jesus_es_ayudado_por_Simon_de_Cirene

Quinta Estación
JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús salió del pretorio llevando a cuestas su cruz, camino del Calvario; pero su primera caída puso de manifiesto el agotamiento del reo. Temerosos los soldados de que la víctima sucumbiese antes de hora, pensaron en buscarle un sustituto. Entonces el centurión obligó a un tal Simón de Cirene, que venía del campo y pasaba por allí, a que tomara la cruz sobre sus hombros y la llevara detrás de Jesús. Tal vez Simón tomó la cruz de mala gana y a la fuerza, pero luego, movido por el ejemplo de Cristo y tocado por la gracia, la abrazó con resignación y amor y fue para él y sus hijos el origen de su conversión.
El Cireneo ha venido a ser como la imagen viviente de los discípulos de Jesús, que toman su cruz y le siguen. Además, el ejemplo de Simón nos invita a llevar los unos las cargas de los otros, como enseña San Pablo. En los que más sufren hemos de ver a Cristo cargado con la cruz que requiere nuestra ayuda amorosa y desinteresada.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Estacion6_Veronica_limpia_el_rostro_de_Jesus
Sexta Estación
LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Dice el profeta Isaías: «No tenía apariencia ni presencia; lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no lo tuvimos en cuenta». Es la descripción profética de la figura de Jesús camino del Calvario, con el rostro desfigurado por el sufrimiento, la sangre, los salivazos, el polvo, el sudor… Entonces, una mujer del pueblo, Verónica de nombre, se abrió paso entre la muchedumbre llevando un lienzo con el que limpió piadosamente el rostro de Jesús. El Señor, como respuesta de gratitud, le dejó grabada en él su Santa Faz.
Una letrilla tradicional de esta sexta estación nos dice: «Imita la compasión / de Verónica y su manto / si de Cristo el rostro santo / quieres en tu corazón». Nosotros podemos repetir hoy el gesto de la Verónica en el rostro de Cristo que se nos hace presente en tantos hermanos nuestros que comparten de diversas maneras la pasión del Señor, quien nos recuerda: «Lo que hagáis con uno de estos, mis pequeños, conmigo lo hacéis».
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Estacion7_Jesus_cae_por_segunda_vez
Séptima Estación
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús había tomado de nuevo la cruz y con ella a cuestas llegó a la cima de la empinada calle que daba a una de las puertas de la ciudad. Allí, extenuado, sin fuerzas, cayó por segunda vez bajo el peso de la cruz. Faltaba poco para llegar al sitio en que tenía que ser crucificado, y Jesús, empeñado en llevar a cabo hasta la meta los planes de Dios, aún logró reunir fuerzas, levantarse y proseguir su camino.
Nada tiene de extraño que Jesús cayera si se tiene en cuenta cómo había sido castigado desde la noche anterior, y cómo se encontraba en aquel momento. Pero, al mismo tiempo, este paso nos muestra lo frágil que es la condición humana, aun cuando la aliente el mejor espíritu, y que no han de desmoralizarnos las flaquezas ni las caídas cuando seguimos a Cristo cargados con nuestra cruz. Jesús, por los suelos una vez más, no se siente derrotado ni abandona su cometido. Para Él no es tan grave el caer como el no levantarnos. Y pensemos cuántas son las personas que se sienten derrotadas y sin ánimos para reemprender el seguimiento de Cristo, y que la ayuda de una mano amiga podría sacarlas de su postración.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
st08
Octava Estación
JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Dice el evangelista San Lucas que a Jesús, camino del Calvario, lo seguía una gran multitud del pueblo; y unas mujeres se dolían y se lamentaban por Él. Jesús, volviéndose a ellas les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos»; añadiéndoles, en figuras, que si la ira de Dios se ensañaba como veían con el Justo, ya podían pensar cómo lo haría con los culpables.
Mientras muchos espectadores se divierten y lanzan insultos contra Jesús, no faltan algunas mujeres que, desafiando las leyes que lo prohibían, tienen el valor de llorar y lamentar la suerte del divino Condenado. Jesús, sin duda, agradeció los buenos sentimientos de aquellas mujeres, y movido del amor a las mismas quiso orientar la nobleza de sus corazones hacia lo más necesario y urgente: la conversión suya y la de sus hijos. Jesús nos enseña a establecer la escala de los valores divinos en nuestra vida y nos da una lección sobre el santo temor de Dios.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Estacion9_Jesus_cae_por_tercera_vez
Novena Estación
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Una vez llegado al Calvario, en la cercanía inmediata del punto en que iba a ser crucificado, Jesús cayó por tercera vez, exhausto y sin arrestos ya para levantarse. Las condiciones en que venía y la continua subida lo habían dejado sin aliento. Había mantenido su decisión de secundar los planes de Dios, a los que servían los planes de los hombres, y así había alcanzado, aunque con un total agotamiento, los pies del altar en que había de ser inmolado.
Jesús agota sus facultades físicas y psíquicas en el cumplimiento de la voluntad del Padre, hasta llegar a la meta y desplomarse. Nos enseña que hemos de seguirle con la cruz a cuestas por más caídas que se produzcan y hasta entregarnos en las manos del Padre vacíos de nosotros mismos y dispuestos a beber el cáliz que también nosotros hemos de beber. Por otra parte, la escena nos invita a recapacitar sobre el peso y la gravedad de los pecados, que hundieron a Cristo.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Estacion10_Jesus_es_despojado_de_sus_vestiduras
Décima Estación
JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Ya en el Calvario y antes de crucificar a Jesús, le dieron a beber vino mezclado con mirra; era una piadosa costumbre de los judíos para amortiguar la sensibilidad del que iba a ser ajusticiado. Jesús lo probo, como gesto de cortesía, pero no quiso beberlo; prefería mantener la plena lucidez y conciencia en los momentos supremos de su sacrificio. Por otra parte, los soldados despojaron a Jesús, sin cuidado ni delicadeza alguna, de sus ropas, incluidas las que estaban pegadas en la carne viva, y, después de la crucifixión, se las repartieron.
Para Jesús fue sin duda muy doloroso ser así despojado de sus propios vestidos y ver a qué manos iban a parar. Y especialmente para su Madre, allí presente, hubo de ser en extremo triste verse privada de aquellas prendas, tal vez labradas por sus manos con maternal solicitud, y que ella habría guardado como recuerdo del Hijo querido.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Estacion11_Jesus_es_clavado_en_la_cruz
Undécima Estación
JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
«Y lo crucificaron», dicen escuetamente los evangelistas. Había llegado el momento terrible de la crucifixión, y Jesús fue fijado en la cruz con cuatro clavos de hierro que le taladraban las manos y los pies. Levantaron la cruz en alto y el cuerpo de Cristo quedó entre cielo y tierra, pendiente de los clavos y apoyado en un saliente que había a mitad del palo vertical. En la parte superior de este palo, encima de la cabeza de Jesús, pusieron el título o causa de la condenación: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos». También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
El suplicio de la cruz, además de ser infame, propio de esclavos criminales o de insignes facinerosos, era extremadamente doloroso, como apenas podemos imaginar. El espectáculo mueve a compasión a cualquiera que lo contemple y sea capaz de nobles sentimientos. Pero siempre ha sido difícil entender la locura de la cruz, necedad para el mundo y salvación para el cristiano. La liturgia canta la paradoja: «¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza / con un peso tan dulce en su corteza!».
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

Estacion12_Jesus_muere_en_la_cruz
Duodécima Estación
JESÚS MUERE EN LA CRUZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Desde la crucifixión hasta la muerte transcurrieron tres largas horas que fueron de mortal agonía para Jesús y de altísimas enseñanzas para nosotros. Desde el principio, muchos de los presentes, incluidas las autoridades religiosas, se desataron en ultrajes y escarnios contra el Crucificado. Poco después ocurrió el episodio del buen ladrón, a quien dijo Jesús: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». San Juan nos refiere otro episodio emocionante por demás: Viendo Jesús a su Madre junto a la cruz y con ella a Juan, dice a su Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»; luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre»; y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. Después de esto, nos dice el mismo evangelista, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed». Tomó el vinagre que le acercaron, y añadió: «Todo está cumplido». E inclinando la cabeza entregó el espíritu.
A los motivos de meditación que nos ofrece la contemplación de Cristo agonizante en la cruz, lo que hizo y dijo, se añaden los que nos brinda la presencia de María, en la que tendrían un eco muy particular los sufrimientos y la muerte del hijo de sus entrañas.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Estacion13_Jesus_es_bajado_de_la_cruz
Decimotercera Estación
JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ
Y PUESTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Para que los cadáveres no quedaran en la cruz al día siguiente, que era un sábado muy solemne para los judíos, éstos rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran; los soldados sólo quebraron las piernas de los otros dos, y a Jesús, que ya había muerto, uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza. Después, José de Arimatea y Nicodemo, discípulos de Jesús, obtenido el permiso de Pilato y ayudados por sus criados o por otros discípulos del Maestro, se acercaron a la cruz, desclavaron cuidadosa y reverentemente los clavos de las manos y los pies y con todo miramiento lo descolgaron. Al pie de la cruz estaba la Madre, que recibió en sus brazos y puso en su regazo maternal el cuerpo sin vida de su Hijo.
Escena conmovedora, imagen de amor y de dolor, expresión de la piedad y ternura de una Madre que contempla, siente y llora las llegas de su Hijo martirizado. Una lanza había atravesado el costado de Cristo, y la espada que anunciara Simeón acabó de atravesar el alma de la María.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Estacion14_Jesus_es_sepultado
Decimocuarta Estación
JESÚS ES SEPULTADO
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
José de Arimatea y Nicodemo tomaron luego el cuerpo de Jesús de los brazos de María y lo envolvieron en una sábana limpia que José había comprado. Cerca de allí tenía José un sepulcro nuevo que había cavado para sí mismo, y en él enterraron a Jesús. Mientras los varones procedían a la sepultura de Cristo, las santas mujeres que solían acompañarlo, y sin duda su Madre, estaban sentadas frente al sepulcro y observaban dónde y cómo quedaba colocado el cuerpo. Después, hicieron rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro, y regresaron todos a Jerusalén.
Con la sepultura de Jesús el corazón de su Madre quedaba sumido en tinieblas de tristeza y soledad. Pero en medio de esas tinieblas brillaba la esperanza cierta de que su Hijo resucitaría, como Él mismo había dicho. En todas las situaciones humanas que se asemejen al paso que ahora contemplamos, la fe en la resurrección es el consuelo más firme y profundo que podemos tener. Cristo ha convertido en lugar de mera transición la muerte y el sepulcro, y cuanto simbolizan.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
jesus_via_crucis_15_estacion
Decimoquinta Estación
JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Pasado el sábado, María Magdalena y otras piadosas mujeres fueron muy de madrugada al sepulcro. Llegadas allí observaron que la piedra había sido removida. Entraron en el sepulcro y no hallaron el cuerpo del Señor, pero vieron a un ángel que les dijo: «Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí». Poco después llegaron Pedro y Juan, que comprobaron lo que les habían dicho las mujeres. Pronto comenzaron las apariciones de Jesús resucitado: la primera, sin duda, a su Madre; luego, a la Magdalena, a Simón Pedro, a los discípulos de Emaús, al grupo de los apóstoles reunidos, etc., y así durante cuarenta días. Nadie presenció el momento de la resurrección, pero fueron muchos los que, siendo testigos presenciales de la muerte y sepultura del Señor, después lo vieron y trataron resucitado.
En los planes salvíficos de Dios, la pasión y muerte de Jesús no tenían como meta y destino el sepulcro, sino la resurrección, en la que definitivamente la vida vence a la muerte, la gracia al pecado, el amor al odio. Como enseña San Pablo, la resurrección de Cristo es nuestra resurrección, y si hemos resucitado con Cristo hemos de vivir según la nueva condición de hijos de Dios que hemos recibido en el bautismo.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

Oremos: Señor Jesucristo, tú nos has concedido acompañarte, con María tu Madre, en los misterios de tu pasión, muerte y sepultura, para que te acompañemos también en tu resurrección; concédenos caminar contigo por los nuevos caminos del amor y de la paz que nos has enseñado. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

lunes, 7 de abril de 2014

Historia: Vía Crucis – Estaciones de la Cruz



Estacion4_Jesus_se_encuentra_con_su_madre

“Vía Crucis” latín de “Camino de la Cruz” . También conocido como “Estaciones de la Cruz” y “Vía Dolorosa”. Se trata de un camino de oración que busca adentrarnos en la meditación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo en su camino al Calvario. El camino se representa con una serie de imágenes de la Pasión o “Estaciones” correspondientes a incidentes particulares que Jesús sufrió por nuestra salvación.

Las imágenes pueden ser pinturas o esculturas. Algunas representaciones son  grandes obras de arte inspiradas por Dios para suscitar mayor comprensión del amor de Jesucristo y movernos a la conversión. Entre éstas se destacan las de la catedral de Antwerp en Bélgica y las del Santuario de Lourdes, Francia.

Las estaciones generalmente se colocan en intervalos en las paredes de la iglesia o en lugares reservados para la oración.  Los santuarios, casas de retiros y otros lugares de oración suelen tener estaciones de la cruz en un terreno cercano.   En los monasterios generalmente se encuentran en el claustro.

La finalidad de las Estaciones es ayudarnos a unirnos a Nuestro Señor haciendo una peregrinación espiritual a la Tierra Santa, a los momentos mas señalados de su Pasión y muerte redentora. Pasamos de Estación en Estación meditando ciertas oraciones. Varios santos, entre ellos San Alfonso Ligorio, Doctor de la Iglesia, han escrito meditaciones para cada estación.  También podemos añadir las nuestras. Es tradición, cuando las Estaciones se hacen en público, cantar una estrofa del “Stabat Mater” mientras se pasa de una estación a la otra.

Historia
La costumbre de rezar las Estaciones de la Cruz posiblemente comenzó en Jerusalén. Ciertos lugares de La Vía Dolorosa (aunque no se llamó así antes del siglo XVI) fueron reverentemente marcados desde los primeros siglos. Hacer allí las Estaciones de la Cruz se convirtió en la meta de muchos peregrinos desde la época del emperador Constantino (Siglo cuarto).
Según la tradición, la Santísima Virgen visitaba diariamente las Estaciones originales y San Jerónimo,  Padre de la Iglesia, escribió sobre la multitud de peregrinos de todos los países que visitaban los lugares santos en su tiempo. Sin embargo, no existe prueba de una forma fija para esta devoción en los primeros siglos.

Desde el siglo doce los peregrinos escriben sobre  la “Vía Sacra”, como una ruta por la que pasaban recordando la Pasión. No sabemos cuando surgieron las Estaciones según las conocemos hoy, ni cuando se les comenzó a conceder indulgencias pero probablemente fueron los Franciscanos los primeros en establecer el Vía Crucis ya que a ellos se les concedió en 1342 la custodia de los lugares mas preciados de Tierra Santa. Tampoco está claro en que dirección se recorrían ya que, según parece, hasta el siglo XV muchos lo hacían comenzando en el Monte Calvario y retrocediendo hasta la casa de Pilato.

Ferraris menciona las siguientes Estaciones con indulgencias:
-El lugar donde Jesús se encuentra con su Madre.
-Donde Jesús habló con las mujeres de Jerusalén.
-Donde se encontró con Simón Cirineo
-Donde los soldados se sortean sus vestiduras.
-Donde fue crucificado
-La casa de Pilato
-El Santo Sepulcro

Muchos peregrinos no podían ir a Tierra Santa ya sea por la distancia y difíciles comunicaciones, ya sea por las invasiones de los musulmanes que por siglos dominaron esas tierras y perseguían a los cristianos. Así creció la necesidad de representar la Tierra Santa en otros lugares mas asequibles e ir a ellos en peregrinación. En varios lugares de Europa se construyeron representaciones de los mas importantes santuarios de Jerusalén.

En los siglos XV y XVI se erigieron Estaciones en diferentes partes de Europa. El Beato Alvarez (m.1420), que en su regreso de Tierra Santa, construyó una serie de pequeñas capillas en el convento dominico de Córdoba en las que se pintaron las principales escenas de la Pasión en forma de estaciones.  Por la misma época, la Beata Eustochia, clarisa, construyó Estaciones similares en su convento en Messina. Hay otros ejemplos. Sin embargo,  la primera vez que se conoce el uso de la palabra “Estaciones” siendo utilizada en el sentido actual del Vía Crucis se encuentra en la narración del peregrino inglés Guillermo Wey sobre sus visitas a la Tierra Santa en 1458 y en 1462.  Wey ya menciona catorce estaciones, pero solo cinco de ellas corresponden a que se usan hoy día, mientras que siete solo remotamente se refieren a la Pasión.

Por la dificultad creciente de visitar la Tierra Santa bajo dominio musulmán, las Estaciones de la Cruz y diferentes manuales para rezar en ellas se difundieron por Europa. Las Estaciones tal como las conocemos hoy fueron aparentemente influenciadas por el libro “Jerusalén sicut Christi tempore floruit” escrito por un tal Adrichomius en 1584. En este libro el Vía Crucis tiene doce estaciones y estas corresponden exactamente a nuestras primeras doce.  Parece entonces que Vía Crucis, como lo conocemos hoy surge de las representaciones procedentes de Europa.

Pocas de las Estaciones en los tiempos medievales mencionan la segunda (Jesús carga con la cruz) ni la décima (Jesús es despojado de sus vestiduras). Por otro lado algunas que hoy no aparecen eran antes mas comunes. Entre estas, el balcón desde donde Pilato pronunció Ecce Homo (he aquí al hombre).

En el año 1837, la Sagrada Congregación para las Indulgencias precisó que aunque no había obligación, es mas apropiado que las estaciones comiencen en el lado en que se proclama el Evangelio.  Pero esto puede variar según la estructura de la iglesia y la posición de las imágenes en las Estaciones. La procesión debe seguir a Cristo mas bien que encontrarse de frente con El.

Comprendiendo la dificultad de peregrinar a la Tierra Santa, el papa Inocente XI en 1686 concedió a los franciscanos el derecho de erigir Estaciones en sus iglesias y declaró que todas las indulgencias anteriormente obtenidas por devotamente visitar los lugares de la Pasión del Señor en Tierra Santa las podían en adelante ganar los franciscanos y otros afiliados a la orden haciendo las Estaciones de la Cruz en sus propias iglesias según la forma acostumbrada. Inocente XII confirmó este privilegio en 1694 y Benedicto XIII en 1726 lo extendió a todos los fieles. En 1731 Clemente XII lo extendió aun mas permitiendo las indulgencias en todas las iglesias siempre que las Estaciones fueran erigidas por un padre franciscano con la sanción del ordinario (obispo local). Al mismo tiempo definitivamente fijó en catorce el número de Estaciones. Benedicto XIV en 1742 exhortó a todos los sacerdotes a enriquecer sus iglesias con el rico tesoro de las Estaciones de la Cruz. En 1773 Clemente XIV concedió la misma indulgencia, bajo ciertas circunstancias, a los crucifijos bendecidos para el rezo de las Estaciones, para el uso de los enfermos, los que están en el mar, en prisión u otros impedidos de hacer las Estaciones en la iglesia. La condición es que sostengan el crucifijo en sus manos mientras rezan Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria un número determinado de veces. Estos crucifijos especiales no pueden venderse, prestarse ni regalarse sin perder las indulgencias ya que son propias para personas en situaciones especiales. En 1857 los obispos de Inglaterra recibieron facultades de la Santa Cede para erigir ellos mismos las Estaciones con indulgencias cuando no hubiesen franciscanos. En 1862 se quitó esta última restricción y los obispos obtuvieron permiso para erigir las Estaciones ya sea personalmente o por delegación siempre que fuese dentro de su diócesis.

Regulaciones actuales sobre las indulgencias
Publicadas en el Enchiridion Indulgentiarum Normae et Concessiones,
Mayo de 1986, Librería Editrice Vaticana
(Traducción no oficial del inglés por el Padre Jordi Rivero) Se concede indulgencia plenaria a los fieles cristianos que devotamente hacen las Estaciones de la Cruz.
El ejercicio devoto de las Estaciones de la Cruz ayuda a renovar nuestro recuerdo de los sufrimientos de Cristo en su camino desde el praetorium de Pilato, donde fue condenado a muerte, hasta el Monte Calvario, donde por nuestra salvación murió en la cruz.

Las normas para obtener estas indulgencias plenarias son:
1. Deben hacerse ante Estaciones de la Cruz erigidas según la ley.
2. Deben haber catorce cruces. Para ayudar en la devoción estas cruces están normalmente adjuntas a catorce imágenes o tablas representando las estaciones de Jerusalén.
3. Las Estaciones consisten en catorce piadosas lecturas con oraciones vocales. Pero para hacer estos ejercicios solo se requiere que se medite devotamente la pasión y muerte del Señor. No se requiere la meditación de cada misterio de las estaciones.
4. El movimiento de una Estación a la otra.  Si no es posible a todos los presente hacer este movimiento sin causar desorden al hacerse las Estaciones públicamente,  es suficiente que la persona que lo dirige se mueva de Estación a Estación mientras los otros permanecen en su lugar.
5. Las personas que están legítimamente impedidas de satisfacer los requisitos anteriormente indicados, pueden obtener indulgencias si al menos pasan algún tiempo, por ejemplo, quince minutos en la lectura devota y la meditación de la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo.
6. Otros ejercicios de devoción son equivalentes a las Estaciones de la Cruz, aun en cuanto a indulgencias, si éstos nos recuerdan la Pasión y muerte del Señor y están aprobados por una autoridad competente. .
7. Para otros ritos. Los patriarcas pueden establecer otros ejercicios devotos en memoria de la Pasión y muerte de nuestro Señor, en manera similar a las Estaciones de la Cruz.
Los requisitos de arriba son necesarios para obtener las indulgencias, pero siempre que se hacen las Estaciones con devoción en cualquier lugar, ya sea públicamente o en privado, se obtendrán muchas gracias. Claro que deben hacerse de corazón, con sincera intención de conversión.

Las Estaciones de la Cruz se pueden hacer con gran beneficio todo el año y son especialmente significativas durante la Cuaresma. Cada viernes santo, el Santo Padre dirige las Estaciones de la Cruz desde el Coliseo en Roma para recordar a los mártires y nuestro llamado a seguir sus pasos.

PADRE  JORDI RIVERO
-Fuente principal para los datos históricos: El artículo de G. CYPRIAN ALSTON en la Catholic Encyclopedia, copyright © 1913 por Encyclopedia Press, Inc.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Significado de la Corona de Adviento


Francesco Lay

La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:

La forma circular
El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes
Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas
Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.
Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.
Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.
El listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.
Los domingos de Adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.

Sugerencias
a) Es preferible elaborar en familia la corona de Adviento aprovechando este momento para motivar a los niños platicándoles acerca de esta costumbre y su significado.
b) La corona deberá ser colocada en un sitio especial dentro del hogar, de preferencia en un lugar fijo donde la puedan ver los niños de manera que ellos recuerden constantemente la venida de Jesús y la importancia de prepararse para ese momento.
c) Es conveniente fijar con anticipación el horario en el que se prenderán las velas. Toda esta planeación hará que las cosas salgan mejor y que los niños vean y comprendan que es algo importante. Así como con anticipación preparamos la visita de un invitado importante, estamos haciendo esto con el invitado más importante que podemos tener en nuestra familia.
d) Es conveniente también distribuir las funciones entre los miembros de la familia de modo que todos participen y se sientan involucrados en la ceremonia.
Por ejemplo:
un encargado de tener arreglado y limpio el lugar donde irá la corona antes de comenzar con esta tradición navideña.
un encargado de apagar las luces al inicio y encenderlas al final.
un encargado de dirigir el canto o de poner la grabadora con algún villancico.
un encargado de dirigir las oraciones para ponerse en presencia de Dios.
un encargado de leer las lecturas.
un encargado de encender las velas.

Todo sobre el Adviento:
Recursos
Reflexiones
Recursos teológicos y litúrgicos:
Fuente:ACI PRensa

martes, 5 de marzo de 2013

NO OLVIDES LA CONFESIÓN ANTES DE LA CUARESMA Y LA COMUNIÓN PASCUAL

Es importante prepararse bien si de verdad quieres transformar tu vida ahora en Cuaresma. Pero que no quede solo en estos 40 días, transfórmate para renovarte día con día y seguir a Jesús hasta el final.  Te dejo una lista que te servirá para hacer un buen examen de conciencia y hacer una confesión como se debe.


Pasos para tener una buena confesión:
1- Hacer examen de conciencia.
2. Dolor de los pecados
3. Propósito de no volver a pecar.
4. Decir los pecados al Sacerdote.
5. Cumplir la penitencia.

GUÍA PARA UN EXAMEN DE CONCIENCIA.

Mandamientos de la Ley de Dios.

1- Amarás a Dios sobre todas las cosas.
- Murmurar contra el Señor, ante una desgracia
- Hablar sin reverencia de las cosas Santas (sacramentos, iglesia ministros)
- Interesarse más por tener dinero y placer que cumplir los mandamientos
- Creer o practicar la superstición o espiritismo (lectura de la mano, cartas, etc.)

2- No usarás el Nombre de Dios en vano.
- Jurar en nombre de Dios por algo falso o sin importancia
- Burlarse del nombre de Dios o de quien implora su ayuda
- Contar o reír de chistes irreverentes para con Dios, La Virgen o los Santos.

3- Santificarás las fiestas.
- Faltar a Misa los Domingos o días festivos
- Trabajar los Domingos sin necesidad
- Asistir a Misa sin poner atención, distraer a los demás

4- Honrarás a tu padre y a tu madre.
- Tratar sin respeto, paciencia o misericordia a los padres, hermanos e hijos
- No atender a la familia en sus necesidades espirituales y materiales
- No dar mi tiempo para convivencia familiar
- Ser mal ejemplo para los hijos con el abuso del alcohol, faltas a la moral, etc.
- Peleas, desprecios y deseos de algún mal a los miembros de mi familia
- Mandar con injusticia y abuso
- Negar ayuda a mis familiares por preferir mi comodidad

5- No matarás.
- Hacer daño al prójimo de obra o de palabra
- Desear la muerte o intentar el suicidio
- Ingerir drogas o proporcionarlas a otros
- Manejar sin prudencia
- Ayudar o aconsejar un aborto
- Conservar en el corazón sentimientos de enemistad odio o rencor
- No perdonar al que me lastimó; despreciar o burlarme de otros

6- No cometerás actos impuros.
- Cometer actos inmorales consigo mismo o a otros
- Tener conversaciones indecentes, ver espectáculos, películas, programas de TV, o leer libros o revistas inmorales, recomendar a otros que lo hagan
- Tener amistades que nos inducen a pecar.

7- No robarás.
- Tomar dinero u otros objetos sin permiso del dueño
- Malgastar el dinero
- Engañar a los otros para obtener lo que deseo
- No pagar con justicia y a tiempo; cobrar más de lo justo y prestar con usura

8- No dirás falso testimonio ni mentirás.
- Mentir pensando que son cosas de poca importancia
- Hablar mal de otras personas, con comentarios inciertos
- Destruir la buena fama a una persona, con calumnias o chismes que escuché

9- No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
- Consentir acciones impuras, aunque no se realicen
- Pensar y desear cosas deshonestas
- Aceptar miradas obscenas
- Infidelidad en el matrimonio

10- No codiciarás los bienes ajenos.
- Envidia de lo que otros tienen
- Deseo de poseer lo de otros sin importar el medio para lograrlo
- Coraje de que otros tengan más que yo

Mandamientos de la Iglesia.
1- Asistir A Misa completa los Domingos y Fiestas de Guardar
2- Confesarse cuando menos una vez al año, en peligro de muerte o si ha de comulgar.
3- Comulgar por Pascua de Resurrección.
4- Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo mande la Iglesia
5- Ayudar a la Iglesia en sus necesidades

Pecados Capitales:

1- SOBERBIA virtud contraria: HUMILDAD
- Sentirse superior a los demás y tratarlos con menosprecio
- Desear siempre tener mejores cosas materiales que otros
- Creerse más cerca de Dios que los demás
- Aparentar lo que no es, o no se tiene.

2- AVARICIA virtud contraria: GENEROSIDAD
- Ansia de adquirir y acumular dinero o cosas materiales aún por medios ilícitos
- No compartir lo que se tiene
- No importarme las necesidades del prójimo

3- LUJURIA virtud Contraria: CASTIDAD
- Deseo desmedido de sexo
- Faltas contra el 6 y 9 Mandamiento de la Ley de Dios

4- IRA virtud contraria: PACIENCIA
- Consentir un enojo violento
- Rencor por las ofensas
- Odio y deseo de mal a otros

5- GULA virtud contraria TEMPLANZA
- Comer y beber más de lo necesario sólo por placer

6- ENVIDIA virtud contraria CARIDAD
- Deseo desordenado por poseer los bienes o cualidades de otros
- Enojo por lo que otros tienen.

7- PEREZA virtud contraria: DILIGENCIA
- Falta de ánimo par hacer algo
- Flojera para ayudar a otros
- Perder el tiempo y no cumplir con nuestros deberes.

Algo más para reflexionar:
- ¿Cuido el ayuno Eucarístico?
- ¿Me arrepiento de los pecados de omisión?
- ¿He comulgado en pecado Mortal?
- ¿En confesiones anteriores he ocultado algún pecado al sacerdote?
- ¿Cumplí la penitencia de otras confesiones?
- ¿Descuido mis deberes cívicos?
- ¿Trabajo o estudio con responsabilidad?
- ¿Me esfuerzo por conocer más sobre la Fe Católica?
- ¿Dudo de la Iglesia o niego sus verdades?
- ¿He cometido pecados tranquilamente pensando: ”No importa, Dios me va a perdonar”?
- ¿Practico las Obras de Misericordia?

Obras de Misericordia Espirituales.
- Enseñar al que no sabe
- Dar buen consejo al que lo necesita
- Corregir al que se equivoca
- Perdonar las ofensas
- Consolar al triste
- Soportar con paciencia los defectos del prójimo
- Rezar por los vivos y los muertos

Obras de Misericordia Corporales.
- Visitar a los enfermos
- Dar de comer al hambriento
- Dar de beber al sediento
- Dar posada al peregrino
- Vestir al desnudo
- Socorrer a los presos
- Enterrar a los muertos

Acto de contrición
Señor mío, Jesucristo,
Dios y hombre verdadero.
Creador y Redentor mío,
por ser Tú quien eres,
y porque te amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberte ofendido.
Quiero y propongo firmemente
confesarme a su tiempo.
Ofrezco mi vida, obras y trabajos
en satisfacción de mis pecados.
Y confío en tu bondad y misericordia infinita
que me los perdonarás y me darás la gracia
para no volverte a ofender. Amén.

lunes, 25 de febrero de 2013

Para Meditar en Cuaresma



“QUE EL AMOR NO SEA DESPERDICIADO”"Carta de Cuaresma escrita por Madre Adela,Fundadora SCTJM y FCT
 
Queridos hermanos y hemanas:
El Señor en su infinita sabiduría ha permitido que escriba esta carta precisamente en la fiesta de los Beatos Jacinta y Francisco, pequeñoscorazones llamados a ofrecerse como sacrificios vivos de amor y reparación a los Corazones de Jesús y María. Tan heroica vocación solo puede surgir de una particular contemplación del precio tan alto que estos Dos Corazones han pagado por nosotros.  Precio que se identifica con la misión singular de cada uno. El precio que el Corazón de Jesús, el Redentor del Hombre, paga tan altamente, es el precio del Amor del Dios hecho Hombre, que culmina de forma visible en la Cruz, en la entrega de Su Sangre, de Su Cuerpo, de Su Vida y de Su Corazón, para salvar al hombre, para devolver a la humanidad la grandeza y la belleza de su dignidad original: restaurar la belleza de la imagen y semejanza de Dios en nuestras almas y para abrir para siempre las puertas de Nuestro Hogar: la Casa del Padre. El precio que el Corazón de María, Madre del Redentor, paga tan altamente, es el precio del dolor materno, es cruz materna, es traspaso materno… Es amor totalmente unido al amor del Corazón de Su Hijo, es amor que en El y con El, es todo para el Padre y todo para los hombres.
Los Corazones de Jesús y María, el Corazón del Redentor y el Corazón de la Madre del Redentor nos han amado hasta el extremo, el extremo propio del amor Redentor del Dios hecho Hombre, y del amor Materno de la única criatura concebida Inmaculada. Ellos nos han amado hasta el extremo, y esto significa que el amor redentor de Cristo, amor cuya potencia es la fuerza de Su Misericordia, y el amor materno de María, cuya potencia es la fuerza de la maternidad inmaculada, no tiene límites, no conoce límites, no se origina en límites, no se define por límites y no se limita cuando la humanidad no recibe su amor, o incluso lo desprecia, lo rechaza, lo ignora… o simplemente, no lo atesora, no lo cuida, no lo guarda celosamente y lo desperdicia. El amor de los Corazones de Jesús y María es un amor que “todo lo soporta, todo lo espera, todo lo cree”… (1 Cor 13). Es amor misericordioso, es amor puro, es amor incondicional, es amor fiel, es amor que se da y se da sin reservas. Es simplemente y ciertamente, amor.
Creo que una gracia que los Beatos Jacinta y Francisco, junto con la Sierva de Dios Sr. Lucía, recibieron como fruto de las Apariciones de Nuestra Señora en Fátima, fue la de contemplar profundamente este misterio del amor y del dolor de los Corazones de Jesús y María. El misterio del amor que siempre paga un precio muy alto por el amado, el misterio del amor que no es amado, el misterio del amor que no es recibido con gratitud y reverencia… el misterio de las espinas que rodean esos Corazones significando los pecados de la humanidad, la dureza, la ligereza, la ingratitud, la rebeldía, la soberbia, la insolencia, la indiferencia, la superficialidad, el abuso de su amor y el desperdicio de su gracia, que tanto cuesta… Oh, cuánto se desperdicia el amor de Sus Corazones, cuánto se desperdicia el amor, cuánto se desperdicia cada don que proviene del amor.
Con este sentido, con esta contemplación del amor que es desperdiciado, creo que el Señor mismo nos ha introducido en esta Cuaresma. En el Cenáculo del día 29 de enero recibimos una palabra profética muy profunda y dolorosa, por lo menos puedo decir que lo fue para mi corazón. Fue la noche en que el Señor nos llevaba a contemplar la fuerza del amor que brota de Su Corazón cada vez que El nos comunica una gracia, una palabra, un don, un llamado, cada vez que siembra una semilla en el terreno de nuestros corazones... Pero también nos mostraba su dolor cuando esta semilla no era recibida con amor y responsabilidad, cuando no la atesoramos, cuando no la guardamos con cuidado, cuando la recibimos con superficialidad, cuando no cooperamos para que ella crezca, sino que la dejamos asfixiarse en las espinas de nuestra ligereza, orgullo, comodidad, lentitud o falta de generosidad. Sí, contemplamos el dolor del Corazón de Jesús por todos los dones de su amor que han sido desperdiciados, asfixiados, ahogados o no desarrollados, por la falta de responsabilidad y cuidado del terreno del corazón. Junto con el dolor del Corazón Traspasado del Redentor, de donde brotan todas las gracias y dones, también pudimos contemplar el dolor materno de la Virgen… ¿Cómo no conmovernos ante la imagen que recibimos de la mano herida y sangrante de la Virgen, rasgándose entre las espinas de nuestro corazón, para llegar a preservar la semilla plantada por su Hijo? ¿Cómo no conmovernos ante ese amor materno, que paga cualquier precio, lo arriesga todo, no escatima en sufrir y batallar “con su talón herido”, por preservar todas las gracias, los dones, las semillas que han sido plantadas en nuestro corazón? ¿Cómo no sentir la responsabilidad propia de quien ama, de no dejar que la semilla se asfixie, se oprima, se seque por la superficialidad del terreno, y no dé fruto por la falta de abono y fertilidad del terreno? ¡El Amor no puede ser desperdiciado! ¡Tanto amor no puede tomarse a la ligera! ¡Tanto amor no puede usarse y tirarse! ¡Tanto amor debe amarse y responsablemente cuidarse y hacerle crecer!
Es mi más profundo sentimiento en esta Cuaresma, que todos  y cada uno según las exigencias del amor y la responsabilidad de su propia vocación, nos dispongamos a ser un terreno bueno, generoso, disponible, profundo y fértil, para que ninguna “semilla” que proviene del amor del Corazón de Cristo caiga entre espinas, piedras, tierra  superficial o ligera… Que su Misericordia, manifestada en un torrente de continuas gracias y palabras, enseñanzas y oportunidades de servir, sea acogida con gran gratitud y responsabilidad. Esta Cuaresma debe ser para nosotros un tiempo de trabajar en el terreno del corazón, de eliminar las espinas, remover las piedras, poner más tierra y abonar con virtudes y penitencias el terreno, para que sea más parecido al corazón de Nuestra Madre, terreno donde la “semilla” fue plenamente recibida, cuidadosamente atesorada y plenamente fecunda. 
Quisiera invitarlos a dedicarse a trabajar el terreno del corazón a través de las siguientes pautas (ustedes deben de buscar su aplicación personal y muchas más que sean las necesarias para la conversión y transformación de su terreno).
Un camino de amor y responsabilidad
1. Conocimiento del terreno personal: Un profundo examen de conciencia basado en el conocimiento pleno de nuestro terreno (corazón) y cómo hemos cuidado todos los dones que hemos recibido personalmente y en nuestras familias.

2. Poner 7 Pilares: Basado en este examen, escribir 7 virtudes concretas (honestidad, prudencia, docilidad, humildad, mansedumbre, etc.) que van a purificar el terreno y desmoronar las espinas y piedras. Ofrecer al Señor construir estas virtudes en nuestros corazones, ponerlas en práctica y llevar un pequeño recuento por escrito de cómo las vivimos a diario o cómo las fallamos.

3. Ante la Eucaristía, pedir por el terreno de nuestro corazón: Para los que les sea posible, aunque fuese 15 minutos, les invito a ir tres veces por semana al Santísimo Sacramento, a ofrecer nuestro amor, consolación y reparación a los Corazones Traspasados, particularmente por “las semillas” que no hemos cuidado o profundizado, y que por lo tanto, no han dado su fruto apropiado. Pidamos ante el Corazón Eucarístico, que todos seamos un verdadero terreno mariano, puro, sano, generoso, disponible, fuerte y fecundo.

4. Ayuno y penitencias para remover las piedras del terreno: El ayuno, vivido con disposiciones interiores y exteriores, es un arma poderosa para purificar el corazón de apegos corporales, apegos de la voluntad, apegos de los apetitos y desórdenes afectivos, y de los “apegos al yo”; también tiene un valor de reparación y protección muy poderoso. Hay muchas semillas, muchas gracias que han sido desperdiciadas, también hay muchas gracias para las que debemos preparar el camino de nuestro propio corazón, y hay mucho que el Señor desea hacer en nosotros y debe vencer la oposición de los tres enemigos de nuestras almas: el demonio, la carne y del mundo… debemos ayunar y hacer batalla para remover las espinas y las piedras, y para dar libertad a la gracia en nuestra corazón. Les invito a tener una cuaresma penitencial, basada en el reconocimiento sincero de la necesidad de conversión que cada uno tenemos.

5. Silencio para recibir la semilla y guardarla: En un mundo de tanto ruido, empezando por nuestro propio interior, necesitamos un tiempo donde creemos un espacio de silencio para Dios, su Palabra, su Voz… Les recomiendo y según sus posibilidades, pues sé que los padres con niños pequeños no pueden hacer grandes opciones en esta área, que se tomen un tiempo extra al día, para tener silencio. Quizás significará cortar un poco las horas de TV o de hablar por teléfono… Cada uno sabe dónde están sus ruidos… Traten de darse un poco más de silencio, para que sus almas puedan aprender el lenguaje poderoso del silencio, que forma y transforma el lenguaje humano, que lo purifica, lo eleva, lo santifica y lo ordena. El lenguaje que proviene de escuchar a Dios hablarnos se transforma en un medio fundamental de edificación de la civilización del amor. Guarden silencio y eviten las palabras que no edifican, que no elevan, que no abren espacio al diálogo sincero; las palabras que sobran o que no son las que revelan la dignidad de la persona humana. Un silencio que nos permita escuchar y guardar el misterio del amor de los Corazones Traspasados.

6.Contemplar al Amor Misericordioso, para atesorarlo y no desperdiciarlo: La Misericordia de Dios, de la cual la Virgen es reflejo materno, no tiene límites, por ello es nuestra responsabilidad no desperdiciarla, no jugar con ella, no abusarla, más bien dejar que esa Misericordia se convierta en el mayor tesoro de nuestro corazón y nos convierta en canales de Misericordia. Quisiera invitarlos, ya que esta Cuaresma nos prepara para la peregrinación hacia el legado de Juan Pablo II y al Domingo de la Misericordia, que tengan como lectura espiritual esta cuaresma la Encíclica “Rico en Misericordia”, de Juan Pablo II, y el Diario de Santa Faustina. Así, todos caminaremos juntos hacia el Corazón Traspasado de Cristo, fuente de Misericordia, contemplando el gran precio que cuesta la Misericordia, y cuánto la Virgen conoce este gran precio que ha pagado su Hijo.

7.No permitir que Nuestra Madre se rasgue la mano protegiendo la semilla: Quisiera invitarlos a que renueven su consagración a la Virgen, para que le den plena libertad a Ella de cuidar, enseñar, corregir y trabajar en el terreno. También, los invito a rezar el Santo Rosario a diario en reparación por todos sus sufrimientos maternos, especialmente cuando “la semilla” que su Hijo planta en nuestros corazones no encuentra el terreno preparado, el terreno listo para acoger y para dar fruto. Queridos hermanos y hermanas, mis palabras son simplemente un pequeño fruto de un terreno que desea vivir para que el Amor de los Corazones Traspasados no sea desperdiciado… ¡El amor no puede ser desperdiciado! Es nuestro don y nuestra tarea hacer de nuestro corazón un terreno donde el amor sea recibido, sea cuidado y sea fecundo. 

Que esta Cuaresma consolemos y reparemos al amor que ha sido desperdiciado, y lo hagamos con amor y responsabilidad, verdaderamente preparando, limpiando, abonando el terreno de nuestro corazón.
Que todos seamos una  ofrenda de amor y consolación al amor de los Corazones Traspasados.
Madre Adela
Fundadora SCTJM y FCT