viernes, 14 de febrero de 2014

La Alegría del SÍ para siempre


EL PAPA FRANCISCO PIDE A LOS ENAMORADOS QUE SU BODA SEA "SOBRIA Y NO MUNDANA"


Aprovechando que es el día del amor, nuestro Santo  padre compartió éste día con unas 20mil parejas. ¡Algo núnca visto! Les comparto algunas de las cosas que les mencionó a estas parejas, muy bonito e inspirador.

 El papa Francisco pidió hoy, Día de San Valentín, a las jóvenes parejas de novios que su boda sea “sobria” y “una verdadera fiesta cristiana y no mundana”, porque “algunos están más preocupados del exterior, de las fotografías, de los trajes y vestidos y de las flores”.
Esta fue la respuesta del papa argentino a una pareja que le planteó las dificultades económicas que atraviesa y que les obliga a celebrar una boda más que modesta.

 Un distendido y sonriente pontífice se reunió en la Plaza de San Pedro con 20 mil parejas de 28 países de todo el mundo, con motivo del día de san Valentín, en una celebración histórica, denominada “La Alegría del SÍ para siempre”, la primera de este género que se lleva a cabo en el Vaticano.

 Previamente a la aparición del papa, la Plaza de San Pedro se convirtió en gigante escenario de actuaciones de cantantes, que entonaron románticas melodías, como “Love is all around”, banda sonora de numerosas comedias románticas y “A te” de Lorenzo Giovanotti.
Además, varias parejas de enamorados, micrófono en mano, explicaron sin ambages a la muchedumbre, que asistió al acto en un día que amaneció claro y soleado en contraste con las últimas lluvias, en qué circunstancias se conocieron y cómo nació su amor hasta llegar al compromiso de matrimonio.

Algunos consejos para el amor
En medio de un ambiente festivo cargado de Cupidos imaginarios entre miles de parejas sonrientes y enamoradas, el papa llegó a bordo de su papa móvil y ya en el estrado escuchó tres preguntas que le formularon tres parejas, y antes de responder, confesó sonriendo que las había recibido antes y, por tanto, se sabía la contestación

A una pareja de Gibraltar que habló en llanito, el papa le respondió que “el amor que funda una familia” tiene que ser “un amor para siempre” y capaz de vencer a la “cultura de lo provisional”, dijo.

Para el papa, “el amor verdadero no se impone con dureza y agresividad”, sino que surge y se conserva a través de valores como “la cortesía”.

El Santo padre Francisco comentó a los enamorados que “vivir juntos es un arte, un camino paciente, bonito y fascinante” que se sustenta en tres palabras, que en otras ocasiones ya ha mencionado ante las familias cristianas: “permiso, gracias y perdón”.
Y habló sobre el “perdón”.

“Generalmente cada uno de nosotros está preparado para acusar al otro y justificarse a sí mismo. Es un instinto que está en el origen de muchos desastres”.
Reconoció que no existe la familia perfecta, como tampoco existe el marido perfecto ni la mujer perfecta.


“Ni hablemos de la suegra perfecta”, añadió ante la carcajada general. “¡Eso es lo bonito!”

El papa Francisco continuó en tono jovial con una mención a las parejas de abuelitos que llegan a las audiencias, a las que, según comentó, en ocasiones pregunta cómo llevan la vida como casados.
“¿Aquí quién soporta a quién?, les digo. ‘El uno al otro’, me responden. ¡Eso es lo bonito!”, dijo cada vez más animado.

Además, el pontífice argentino pidió que el matrimonio de los futuros novios sea “sobrio y resalte aquello que es verdaderamente importante”, por mucho que para la mayoría el “vino” sea “lo más importante” de una fiesta, “como sucedió en las bodas de Caná”.

“Algunos están más preocupados del exterior, de las fotografías, de los trajes y vestidos y de las flores. Son cosas importantes en una fiesta, pero sólo si son capaces de indicar el verdadero motivo de vuestra alegría: la bendición del Señor sobre vuestro amor”, concluyó

Recomendó a todos los enamorados que se den las gracias el uno al otro.

“Es necesario saber decir gracias para continuar adelante juntos”, sostuvo.

Y finalizó sus recomendaciones para el amor con su remedio para conservar el amor y el matrimonio: “Pelear entre marido y mujer es habitual, pero por favor, recordad esto: Nunca terminéis el día sin hacer la paz”.

domingo, 2 de febrero de 2014

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN DEL MATRIMONIO AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA




"Oh, Corazón Inmaculado de María, refugio seguro de nosotros pecadores y ancla firme de salvación, a Ti queremos hoy consagrar nuestro matrimonio. En estos tiempos de gran batalla espiritual entre los valores familiares auténticos y la mentalidad permisiva del mundo, te pedimos que Tu, Madre y Maestra, nos muestres el camino verdadero del amor, del compromiso, de la fidelidad, del sacrificio y del servicio. Te pedimos que hoy, al consagrarnos a Ti, nos recibas en tu Corazón, nos refugies en tu manto virginal, nos protejas con tus brazos maternales y nos lleves por camino seguro hacia el Corazón de tu Hijo, Jesús.

Tu que eres la Madre de Cristo, te pedimos nos formes y moldees, para que ambos seamos imágenes vivientes de Jesús en nuestra familia, en la Iglesia y en el mundo.

Tu que eres Virgen y Madre, derrama sobre nosotros el espíritu de pureza de corazón, de mente y de cuerpo.

Tu que eres nuestra Madre espiritual, ayúdanos a crecer en la vida de la gracia y de la santidad, y no permitas que caigamos en pecado mortal o que desperdiciemos las gracias ganadas por tu Hijo en la Cruz.

Tu que eres Maestra de las almas, enséñanos a ser dóciles como Tu, para acoger con obediencia y agradecimiento toda la Verdad revelada por Cristo en su Palabra y en la Iglesia.

Tu que eres Mediadora de las gracias, se el canal seguro por el cual nosotros recibamos las gracias de conversión, de amor, de paz, de comunicación, de unidad y comprensión.

Tu que eres Intercesora ante tu Hijo, mantén tu mirada misericordiosa sobre nosotros, y acércate siempre a tu Hijo, implorando como en Caná, por el milagro del vino que nos hace falta.

Tu que eres Corredentora, enséñanos a ser fieles, el uno al otro, en los momentos de sufrimiento y de cruz. Que no busquemos cada uno nuestro propio bienestar, sino el bien del otro. Que nos mantengamos fieles al compromiso adquirido ante Dios, y que los sacrificios y luchas sepamos vivirlos en unión a tu Hijo Crucificado.

En virtud de la unión del Inmaculado Corazón de María con el Sagrado Corazón de Jesús, pedimos que nuestro matrimonio sea fortalecido en la unidad, en el amor, en la responsabilidad a nuestros deberes, en la entrega generosa del uno al otro y a los hijos que el Señor nos envíe. Que nuestro hogar sea un santuario doméstico donde oremos juntos y nos comuniquemos con alegría y entusiasmo. Que siempre nuestra relación sea, ante todos, un signo visible del amor y la fidelidad. Te pedimos, Oh Madre, que en virtud de esta consagración, nuestro matrimonio sea protegido de todo mal espiritual, físico o material. Que tu Corazón Inmaculado reine en nuestro hogar para que así Jesucristo sea amado y obedecido en nuestra familia. Qué sostenidos por Su amor y Su gracia nos dispongamos a construir, día a día, la civilización del amor: el Reinado de los Dos Corazones.
Amén.


ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN DE LA FAMILIA AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA



Cabeza del Hogar:

Oh, Corazón Inmaculado de María, refugio seguro de nosotros pecadores y ancla firme de salvación, a Ti queremos hoy consagrar esta familia. En estos tiempos de gran batalla espiritual, de la lucha entre la oscuridad y la luz, entre la verdad y la mentira, entre los valores familiares auténticos y la permisividad destructiva, te pedimos les recibas en tu Corazón, les refugies en tu manto virginal, les defiendas con tus brazos maternales y les lleves por el camino seguro hacia el Corazón de tu Hijo, Jesús.


Madre Santísima, al consagrar esta familia a tu Corazón Inmaculado ellos te reconocen como Madre y Maestra. Desean abrir sus corazones a ti, para que el fruto de esta consagración sea alcanzar plenitud de comunión con el Corazón de Cristo.
Oh Madre, a través de su consagración, esta familia, te recibe en su casa, en sus corazones, en su hogar. Te hacen partícipes de sus vidas, de sus alegrías y sus luchas; de sus sufrimientos y de sus triunfos. Se encomiendan a tu cuidado maternal, a tu intercesión, y a tu guía, para que seas la Estrella que les lleva en camino seguro y perfecto, al Corazón de Cristo. Por lo tanto, con confianza en tu promesa, de que al final tu Inmaculado Corazón triunfara, esta familia, se consagra a Tu Corazón como medio seguro para vivir consagrados al Corazón de Jesús.

Miembros de la Familia:

Tu que eres la Madre de Cristo y que conoces perfectamente los rasgos de Su corazón, de su mente y su carácter, te pedimos nos moldees, nos formes y nos enseñes a ser como El, para así ser imágenes vivientes de Jesús en nuestra familia, en la Iglesia y en el mundo.
Tu que eres Virgen y Madre, derrama sobre esta familia el espíritu de pureza de corazón, de mente y de cuerpo. Que todos vivamos la virtud de la castidad según nuestro estado y que la modestia y el pudor, impidan que entre en este hogar toda impureza, irrespeto o manipulación del cuerpo.
Tu que eres nuestra Madre espiritual, ayúdanos a crecer en la vida de la gracia, a vivir plenamente injertados en la vida divina que recibimos en el Bautismo. Llévanos de la mano por caminos de santidad y no permitas que caigamos en pecado mortal o que desperdiciemos las gracias ganadas por Cristo en el sacrifico de la Cruz.
Tu que eres Maestra de las almas, enséñanos a ser dóciles como Tu, para acoger con obediencia y agradecimiento toda la Verdad que nos enseña tu Hijo a través de la Iglesia y su Magisterio.
Tu que eres Mediadora de las gracias, se el canal seguro por el cual nosotros recibamos las gracias de conversión, de luz, de discernimiento, de fidelidad, de sabiduría, de santidad y de unión, que provienen del Corazón de Cristo.
Tu que eres Intercesora ante tu Hijo, mantén tu mirada misericordiosa siempre puesta en cada uno de los miembros de esta familia, y aunque no percibamos nuestras propias necesidades, acércate siempre a tu Hijo, implorando como en Caná, por el milagro del vino que nos hace falta.
Tu que estás singularmente asociada al Sacrificio Redentor de Cristo, guarda a esta familia, en la fidelidad ante la Cruz. Que en los momentos de sufrimiento, no busquemos cada uno nuestro propio bienestar, sino el acompañar al que sufre. Que en los momentos de aridez y desolación, nos mantengamos fieles al compromiso adquirido ante Dios, y que los sacrificios y luchas sepamos vivirlos en unión a tu Hijo Crucificado.

Cabeza del hogar:

Por la unión del Inmaculado Corazón de María con el Sagrado Corazón de Jesús, pedimos que esta familia que hoy se ha consagrado a estos Dos Corazones, viva siempre en el amor, en la paz, generosidad, fidelidad, gozo y unidad. Que esta familia sea un santuario doméstico donde se ore juntos, se comuniquen con alegría y entusiasmo; donde los esposos se amen y respeten donde los niños y los jóvenes amen, respeten y obedezcan a sus padres. Que los padres asuman con responsabilidad su misión de amar, formar, cuidar y enseñar a sus hijos para que crezcan en gracia ante Dios y los hombres. Que los ancianos sean vistos con reverencia y respeto. Te pedimos en virtud de esta consagración, que esta familia sea protegida de todo mal espiritual, físico o material. Que tu Corazón Inmaculado reine en este hogar para que así Jesucristo sea amado, escuchado, consolado y obedecido en esta familia. Amen!


¡Familia, se testigo viviente del Amor de los Corazones de Jesús y María!

No olvides apuntar la fecha que lo hagas y guardalo.

Explicación de La Consagración de la Familia a la Virgen María Como Medio de Consagración al Corazón de Jesús


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“Junto a la Cruz de Jesús estaban su Madre y la hermana de su Madre…. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su Madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo.” Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre.” Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.” San Juan 19 : 25-27

Jesús le dio a San Juan, al pie de la Cruz, su mas precioso tesoro…. su Madre, la Siempre Virgen María. Le dice: “Aquí tienes a tu Madre, pues ya no es solamente mi Madre.”

¿Por qué Jesús hizo esto unos instantes antes de morir?
-Porque la amaba profundamente
-Porque sabía que ese hijo, quien representaba a la Iglesia, la necesitaba para crecer en perfección cristiana y en la batalla contra el demonio, el mundo y la carne.

¿Qué hizo San Juan?
“Desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa.”
-En la intimidad de su corazón.
-Partícipe de toda su vida

¿Qué deben hacer todas las familias?
Lo mismo que hizo San Juan, acoger la Virgen Santísima en su casa.
Reconocer la necesidad de que cada familia viva dentro del Corazón Inmaculado de María para así recibir la protección contra el demonio, el mundo y la carne que Ella como Madre quiere y puede ejercer.
Adentrarse en el Corazón de María como el medio seguro y eficaz para llegar al Corazón de Jesús.
“La victoria, si llega, será alcanzada por María. Cristo vencerá por medio de Ella, porque Él quiere que las victorias de la Iglesia en el mundo contemporáneo y en el mundo del futuro estén unidas a Ella.” (SS Juan Pablo II – Cruzando el Umbral de la Esperanza).

¿Hacia dónde llevará nuestra familia el Corazón Inmaculado de María?
Nos llevará al Corazón de Jesús.
Nos introducirá y nos mantendrá en el estilo de vida que asegure que estemos caminando de acuerdo a los designios y voluntad del Corazón de Jesús.
“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.” (San Juan 14 : 14)
“Quien dice que permanece en Él, debe vivir como vivió Él.” (1 San Juan 2 :6)
Nos llevará a la Eucaristía , a los Sacramentos, al amor y obediencia a la Iglesia, a la reparación y expiación de nuestros pecados y los del mundo entero y a la perfección de la vida cristiana.
Nos llevará a la unidad en el amor y hará de nuestra familia una escuela de amor.
El fundamento de toda familia es el amor. No puede haber amor si no hay unidad de mente y corazón, paz, comunicación, oración, virtud, mortificación y sacrificio de cada uno, crecimiento espiritual y responsabilidad. Esto es lo que la Virgen luchará por alcanzarles, porque este fue el amor que se vivió en la Sagrada Familia.
La unión de los Corazones de Jesús y María junto con la participación por San José en este amor de los dos Corazones fue lo que constituyó la Sagrada Familia.
Una familia será santa si cada uno de los miembros de la familia honran, contemplan, obedecen y sirven a los dos Corazones.

¿Por qué deben consagrarse las familias?
Por los ataques y batallas que libran
La batalla del enemigo hoy se dirige de manera particular a las relaciones familiares: entre los matrimonios, entre los padres y los hijos, entre los hermanos, etc.
(Y de esto:)El atentado contra el Papa el 13 de mayo de 1981, día de N.S. de Fátima, era el día en que el se dirigía a inaugurar el Consejo Pontificio para la Familia. El Papa escogió hacerlo ese día porque el tema que había escogido era: “La importancia de tener a la Virgen María como Madre y guardiana de la familia.”
Si se destruye la familia, se destruirá la sociedad y se debilita la Iglesia.
Las tres estrategias de Satanás contra la familia
1. La confusión de valores : materialismo, papeles invertido, etc.
2. La desunión : falta de comunicación, la Televisión, resentimiento, competencia, etc.
3. La glorificación del yo y de los placeres de la carne : ambición, aborto, independencia

¿Cuál es el Remedio ante estos ataques?
Dios nos ofrece como remedio la Consagración al Inmaculado Corazón de María como medio seguro de estar consagrados al Sagrado Corazón de Jesús. Oración del Papa Juan Pablo II en 1983:
“Oh, Santa Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, a tu Inmaculado Corazón consagramos nuestras familias. Con tu ayuda, nos encomendamos y nos consagramos al Divino Corazón de Jesús y así estaremos contigo y con Jesús en el Espíritu Santo, siempre y totalmente consagrados a la voluntad del Padre celestial.”

¿Qué es la Consagración?
Una promesa de amor en donde se le da todo lo que la familia es, tiene y hace a Jesús a través y dentro del Corazón Inmaculado de la Virgen María para que por estos Dos Corazones, vivan plenamente entregados a la voluntad del Padre.
La familia se abandona en las manos de la Virgen María para que ella ejerza su papel de Madre espiritual, de Mediadora de las gracias, de Abogada y de Reina.
La meta final de toda consagración es Jesús; La Virgen María es el medio eficaz para alcanzar mayor unión con Cristo y es fuente de protección maternal contra Satanás.
Por medio de la consagración, los miembros de la familia han de llegar a ser como San José, totalmente dedicados a Jesús y a María. Deben pedir a Dios la gracia de vivir fieles a esta consagración, reconociendo que pertenecen a los Corazones de Jesús y de María quienes han de ser el centro de cada aspecto de sus vidas, decisiones, relaciones, etc.

¿Cuáles son los Frutos de la Consagración?
Permitirá a la Virgen Santísima usar libremente su poder de intercesión y de santificación para el crecimiento de su familia en la gracia :
La Virgen  respeta la voluntad de cada uno y por eso espera a que la familia se consagre libremente para entonces ejercer su misión plenamente. Primero hay que abrir las puertas y luego responder fielmente a todo cuanto pide la Virgen para acercarnos al Corazón de Jesús.
El Don de la auto-donación:
Esto es lo que el Santo Padre llama la capacidad de entregar sus familias a Jesús y a María, con todo lo que son y todo lo que tiene, para que Él Reine sobre ustedes.
Será Fuente de Protección :
Por la decisión libre que han hecho, su familia pertenece a los Corazones de Jesús y María, y serán protegidos espiritualmente como un don reciproco de su regalo a ellos.
Es señalar sus hogares con el sello de los Corazones de Jesús y María :
Como los Israelitas señalaron sus casas con la sangre de un cordero para no perecer ante el espíritu de muerte .
El Corazón de María es el nuevo Arca de Noé que nos llevará seguramente al Corazón de Jesús
Les obtendrá gracias para vivir las virtudes interiores de los Dos Corazones
Les ayudará a abrir sus corazones para vivir las virtudes que se encuentran en los Corazones de Jesús y María. Especialmente:
-la humildad, la mansedumbre, el amor sacrificial, la pureza y la obediencia
También les ayudará a ejercer las virtudes que construyen y mantienen la unidad de familia:
La paz, el orden, el respeto, la delicadeza, el pensar primero en el otro, la abnegación, la comunicación y sobre todo la caridad.

¿Cómo debe vivir una Familia consagrada al Corazón Inmaculado de María?
-Fidelidad a la Iglesia y a los Sacramentos, especialmente la Eucaristía (si es posible, la Santa Misa diaria)y la Confesión regular.
-Oración, personal y familiar, especialmente el rezo del Santo Rosario diariamente o semanalmente.
-Tener una imagen de los Dos Corazones en un lugar preeminente.
Visitar regularmente al Santísimo Sacramento y participar en la Comunión Reparadora de los Primeros Viernes (tener estilo de vida de reparación) y participar en los Primero Sábados.
-Apoyar a su parroquia con su tiempo y recursos.
-Ser generosa en las necesidades de los demás.
-Estudiar la fe y meditación semanal de las Escrituras como familia.
-Si es posible, usar el escapulario.
-Renovar regularmente la oración de Consagración de la familia

La Consagración Religiosa

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Hoy celebramos la consagración de todos los religiosos al Señor.

El religioso consuma la plena donación de sí mismo como un sacrificio ofrecido a Dios, por el que toda su existencia se convierte en culto continuo a Dios en amor Por lo que les comparto la definición de lo que significa la consagración.
La palabra consagración
La palabra consagración se deriva de verbo consagrar. Y puede tener un doble sentido: activo y pasivo. Expresa tanto la acción de consagrar como el hecho de ser Consagrado. Consagrar, en sentido teológico, es lo mismo que: santificar, divinizar, sacralizar o sacrificar. Todos estos términos implican relacionarse directamente con Dios, ser introducido en la esfera de lo Sagrado absoluto, de lo Divino o de lo Santo, es decir, en el ámbito de la Divinidad.
Consagrar de parte de Dios es: tomar plena posesión, reservarse especialmente, invadir y penetrar con la propia santidad, admitir a la intimidad personal, relacionar profundamente consigo mismo, transformar por dentro, renovar interiormente y, sobre todo, configurar a alguien con Jesucristo, que es el Consagrado.
Por parte del hombre, consagrarse es: entregarse a Dios, dejarse poseer libremente por él, acoger activamente la acción santificadora de Dios, darse a él sin reservas, en respuesta a la previa autodonación de Dios y bajo el impulso de su gracia.
Ningún valor que se entrega a Dios, o del que Dios toma posesión, queda destruido. Al contrario, queda mejorado y ennoblecido, porque se salva en Dios mucho mejor que en sí mismo. Por ejemplo, sacrificar o consagrar a Dios nuestra libertad o nuestro amor, lejos de ser una negación, es una verdadera afirmación de esos mismos valores humanos. Convertir nuestra libertad y nuestro amor en propiedad inmediata y total de Dios es la mejor manera de salvarlos en cuanto amor y en cuanto libertad. Dejarse poseer por Dios es la suprema manera de ser libres y de amar, ya que Dios crea y fortalece nuestra libertad y nuestro amor en la misma medida en que nos dejamos poseer por él.
La consagración supone donación y renuncia, entrega y separación. Recordemos las parábolas del tesoro escondido en el campo y de la perla preciosa (Mt, 13,44-45), que cautivan a quien lo descubre y le mueven a vender todo lo demás para adquirir ese tesoro y esa joya.
Consagrarse a Dios implica renuncia a la propia suficiencia y autonomía, para encontrar en Dios y en la plena y filial dependencia de él, una mayor autonomía, suficiencia y libertad.
La consagración en sentido teológico, implica y es una relación estrictamente personal, de tú a Tú, con Dios. Es sólo aplicable a la persona, porque sólo ella puede relacionarse de manera íntima, entrañable y formal con Dios.
La consagración en sentido teológico, es una real transformación de la persona, una configuración verdadera con Cristo, una santificación. La persona queda referida de manera nueva e intrínseca a Dios, invadida por la santidad de Dios, transida de divinidad, poseída por el mismo Dios y transformada en él, sin que ella pierda su propia individualidad.
La persona consagrada se relaciona de forma inmediata, es decir, sin mediaciones y sin intermediarios, con Dios. Por eso, la consagración religiosa tiene un valor y un sentido teologal y no sólo teológico.

Consagración de Cristo
EL CONSAGRADO. “Jesús mismo es Aquél a quien el Padre consagró y envió en el más alto de los modos (Jn. 10,36). En él se resumen todas las consagraciones de la antigua ley, que simbolizan la suya, y en él está consagrado el nuevo Pueblo de Dios” (EE 6). “Jesús vivió su consagración precisamente como Hijo de Dios: dependiendo del Padre, amándole sobre todas las cosas y entregado por entero a su voluntad” (EE 7). En Cristo se cumple con todo rigor el concepto más estrictamente teológico de consagración. Porque Cristo es Dios hecho hombre, es decir, lo sagrado absoluto (Dios), que asume lo secular y profano (la naturaleza humana) para introducirlo dentro de su propio ámbito divino.
Cristo es el Ungido, es decir, el consagrado, el Mesías. Los tres momentos principales de ésta unción sagrada son: la encarnación, el bautismo y la resurrección gloriosa (Hb. 2,5-13). Toda la creación ha quedado renovada y consagrada por el hecho de la Encarnación. Cristo no se encarna para “secularizarse”, sino para consagrar toda su realidad humana, asumiéndola, elevándola, trascendiéndola y sacrificándola. Cristo, vive en sí mismo todo un proceso de consagración que dura toda su vida hasta su muerte y resurrección. Cristo es anonadado (Flp. 2,7-8) y este anonadamiento por el que se sacrifica y se consagra, es por su obediencia, pobreza y virginidad.

La consagración bautismal
Por designio eterno y amoroso del Padre, Cristo vino al mundo para consagrarnos, introduciéndonos en el ámbito más íntimo de lo Sagrado, que es él mismo: comunicándonos su propia filiación divina. Desde siempre, Dios nos pensó y eligió en la Persona de Cristo, por pura iniciativa suya, para que fuéramos de verdad hijos suyos, santos y consagrados en su presencia por el amor (cf. Ef. 1,3-14).
“Los bautizados son consagrados por la regeneración y la unción del Espíritu Santo como casa espiritual y sacerdocio santo” (LG 10). El bautismo es una real inserción en Cristo y en su misterio de muerte y de resurrección. Es una verdadera configuración con Cristo en su condición filial y fraterna y, por eso mismo, es una verdadera consagración.
Por el bautismo morimos al pecado y comenzamos a morir a las raíces de pecado que en nosotros quedan, hasta que la muerte de Cristo haya “mortificado” todo lo pecaminoso y haya consagrado todo lo profano. La consagración bautismal supone una presencia activa y permanente de Dios en nosotros, una especie de presencia sacerdotal que nos convierte en ofrenda y en sacrificio, y que nos hace posesión plena de Dios.
Dios, por medio del bautismo, nos hace hijos suyos en el Hijo y, en él, nos hace hermanos de todos los hombres. Es decir, nos consagra realmente, configurándonos con el Consagrado en su filiación divina y mariana y en su fraternidad universal. El proceso bautismal de configuración con Cristo concluirá en nuestra resurrección gloriosa, cuando incluso en nuestra carne se manifieste la gloria de nuestra filiación divina.

La consagración religiosa
“La vida religiosa, en cuanto consagración de toda la persona, manifiesta en la iglesia el admirable desposorio fundado por Dios, que es signo del mundo futuro. De este modo, el religioso consuma la plena donación de sí mismo como un sacrificio ofrecido a Dios, por el que toda su existencia se convierte en culto continuo a Dios en amor” (can. 607,1)
El religioso es el que trata de vivir la consagración bautismal en toda su radicalidad, llevando hasta sus últimas consecuencias las exigencias del bautismo y haciendo fructificar todas las virtualidades en él contenidas. El religioso vive en total disponibilidad, de forma permanente, como estado de vida, encarnándola en la vivencia efectiva de la virginidad, obediencia y pobreza: es decir, en la profesión de los consejos evangélicos, que es un compromiso público y definitivo de conformar la propia vida con Cristo virgen, obediente y pobre.
La “dedicación absoluta al Reino” (ET 3), convertida en estilo de vida y en norma de conducta, esa “donación de sí mismo que abarca la vida entera”(PC 1), ese “vivir únicamente para Dios” (PC 5), es el contenido más hondo de la consagración religiosa y expresa su distinción con la consagración bautismal y al estilo propio de un cristiano.
La consagración religiosa es una consagración de amor, una pasión de amor, con las características propias de amor verdadero convertido en pasión: la totalidad en la entrega, la exclusividad en la persona amada y el desinterés absoluto en servirle. Y al decir que es una consagración total, quiere decir que es perpetua. Don absolutísimo e irrevocable, lo llama Pablo VI (ET 7). Si la persona no se entrega para siempre no se entregaría del todo.
La consagración religiosa es profundamente eclesial. Es un “estado litúrgico”, de adoración perpetua, de culto oficial de la Iglesia.
El religioso muere de forma habitual no sólo al pecado, sino también al mundo, a valores humanos positivos, muere a formas y exigencias sociales, a la triple categoría de bienes positivos que son: amor humano compartido (castidad), propiedad y uso independiente de los bienes materiales (pobreza) y la libre programación de la propia vida (obediencia).
Dice Pablo VI a los religiosos: (ET 7) “Por el Reino de los cielos, vosotros habéis consagrado a Dios, con generosidad y sin reservas, las fuerzas de amar, el deseo de poseer y la libre facultad de disponer de vuestra propia vida, que son bienes tan preciosos para el hombre”. Los consejos evangélicos expresan y realizan la donación integral e irrevocable de todo nuestro ser personal, de lo que somos y de lo que tenemos y podemos poseer. Es no sólo una oblación, sino un sacrificio que lleva a sus últimas consecuencias la consagración del bautismo y vivir con radicalidad el evangelio y la imitación de Cristo. La consagración religiosa es una entrega total, absoluta e inmediata de amor a Dios. Desde ese momento, todo el ser y la vida del religioso tiene un sentido y lleva un sello de pertenencia a Dios.
Por último, nadie es religioso por propia iniciativa. Es Dios quien llama y quien capacita para responder. En Dios, llamar es dar. La vocación es un verdadero don. Y los dones de Dios, por ser dones de amor, enteramente gratuitos, son dones definitivos, sin posible arrepentimiento por parte del mismo Dios, como nos recuerda san Pablo: “Los dones y la vocación de Dios son irrevocables” (Rom. 11,29). Llamar para siempre es crear en el llamado una permanente capacidad de respuesta. La fidelidad del hombre consiste en apoyarse en la fidelidad inquebrantable de Dios.